viernes, 7 de marzo de 2014

MALLORCA (IV)




    
        Jueves, y mercadillo en El Arenal. Para mayor deleite de damas, y también de algún caballero, la temperatura es de auténtica primavera. Entre esos caballeros me encuentro yo, y no porque me gusten los mercadillos, sino porque me cuesta andar, y en él ando,  me paro y me siento cuando el cuerpo me lo pide. Además, el mercadillo nace al lado de nuestro hotel, y termina allá, donde Cristo dio las tres voces.


            Mi primera impresión fue la de que todos los negros de África se habían dado cita aquí, seguramente para protestar porque no dejan venir a los pocos que aún quedan tras las alambradas de Ceuta y Melilla. Pero no; estaban vendiendo, (o al menos intentando vender), las mismas cosas que venden en todos los mercadillos. 


Hablé con uno de ellos, (un senegalés), porque me llamó la atención verle leer en un diccionario  “francés-español” que tenía en la mano. Cuando comprobé que hablaba español mejor que yo, le pregunté si estudiaba francés. Pues no señor, el francés  lo sabía de sobra, porque es su segunda lengua que  aprendió de niño en la escuela de su pueblo. Ahora estaba aprendiendo palabras en castellano de esas que no son corrientes en las conversaciones de cada día. Y lo hacía para entretenerse entre cliente y cliente, porque estudiar, lo que se dice estudiar, estudiaba inglés, en unas clases nocturnas.


Ahora, jódete con los negros.  No nos quejemos después, si nos quitan algunos puestos de trabajo de aquellos que hace algunos años no queríamos los señoritos españoles, y que hoy no encontramos ni buscándolos a la luz de un candil. La realidad, es la realidad. Este tío que seguramente cruzó el Estrecho en patera, (eso si no fue a nado o agarrado a la hélice de una lancha rápida),  que también seguramente pasó mil calamidades hasta llegar a Mallorca, que comerá lo pesque y dormirá vete tú a saber sobre qué catre; que carga con los bártulos para ir de mercadillo en mercadillo, y que encima aprovecha los ratos libres para perfeccionar dos lenguas que ninguna es la suya, es un auténtico merecedor de encontrar un trabajo digno, sea negro, sea amarillo, o tenga juntos todos los colores  del arcoíris…


“Ya hombre, pero como decía mi abuela, por la caridad entra la peste”.  Tu abuela era una egoísta, como lo eres tú y como lo soy yo. Seguramente tú abuela cerró el pico cuando hace cincuenta  años aproximadamente los españoles emigrábamos a Francia y Alemania buscando una vida mejor. O cuando en lugar de venir aquí tanto “sudaca” cetrino como dicen algunos, fuimos nosotros los que con la disculpa de culturalizarlos, arramplamos de América con todo lo que pudimos y un poco más para traérnoslo aquí… 


Si hasta los animales, ( que según parece son incapaces de pensar),  emigran a bandadas cuando el hambres los empuja, ¿cómo no lo vamos a hacer los humanos?  Y si y no eres capaz de
compartir un mendugo de pan, como te atreves a pedir a los políticos que en vez de subirnos los impuestos, se bajen ellos los sueldos de vergüenza que se asignan así mismos…?
 
Total, que mira tú para lo que me sirvió el paseo por el mercadillo. Comprar, no compré nada. Ver, ví lo de todos los mercados, más un montón impresionante de negros deseando de vender, otro montón de jubilados deseando de no gastar dinero por lo que pueda pasar, y una pila de ingleses y alemanes revolviendo entre las falsas perlas “majórica”, porque eran mucho más baratas que las  fabricadas en la factoría de Manacor… Pero encontré tema para pensar un poco, y decidir que si queremos que el mundo mejore debemos empezar por mejorarle nosotros mismos. Pero ya sabes: “Consejos vendo, y para mí…”

Jesús González ©

2 comentarios:

María Estévez dijo...

Otro rato entretenido contigo Rafael.
Hoy has tocado un tema actual muy delicado. Y como bien dices, antes nos fuimos, y ahora también tenemos que salir fuera de nuestro país.
Un abrazo fuerte.

celia dijo...

Chencho,como siempre,me encanta todo lo que escribes y me da mucha rabia no haber heredado esa cualidad tuya, pero me alegro de que me hayas transmitido muchas otras...