De la rutina insípida de su oficina salió, como siempre solitario, hasta aquel comedor comunitario que rebosaba de comensales. Se vio arrastrado por los que salían.
Intentaba llegar al microondas, eternamente ocupado, para calentar su comida.
Empezó a sentir debilidad y escalofríos.Necesitaba reanimarse con algo caliente. Creía delirar...
"¡Chachachachánnnn! En busca del... -sintió vahídos- ...microondas perdido”.
Extenuado y viendo que el reloj marcaba la hora de regreso al trabajo, dio por finalizado lo que parecía un cuento infantil. Comió su manzana y tomó tres cafés con leche de la máquina expendedora...
Pronto le conectarían la electricidad en su nueva casa y, dejaría de comer en la empresa.
Cenó perdices enlatadas. Frías, sí, pero felizmente solo.
Ángeles Sánchez Gandarillas ©
20-X-2012

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