Recibí inesperadamente un bombón. Alguien me lo puso en la mano con toda delicadeza y discreción.
No había hecho nada para merecerlo y menos de la mano que lo entregaba, pues hemos hablado en escasas ocasiones y con mucha brevedad.
Es más, lo máximo que ha salido de nuestras bocas fueron conversaciones que trataban de algunos aspectos de su profesión y, de una sola actividad en la que coincidimos.
Si he de ser sincera, me era más bien indiferente pues, creí ver en el personaje en cuestión una cierta lejanía.
Últimamente hemos hablado, como siempre poco, pero más a menudo, hilamos algunas palabras más de lo habitual, no más allá de veinte o quizá menos. Aunque, han sido conversaciones puramente formales y correctas.
Pero a resultas del obsequio de este bombón, he variado mis razonamientos. Tampoco pretendo alterar nuestros contactos ni aumentarlos, sino que, se ha establecido una cómplice comunicación sin palabras, con un novedoso contacto de amistad sumado al habitual hola y hasta luego.
Este ingenio del paladar relleno con una guinda al licor y envuelta de un delicado chocolate, que por azares de la vida es de mi gusto, aunque confieso que me hacen daño, consiguió ablandarme hasta deshacer la anterior opinión sobre la distancia entre ambos.
Dado el efecto que me produjo, creo que sería muy eficaz entregar a todos los mandatarios algunos bombones; haría de este mundo un lugar menos conflictivo, puesto que, esa delicia de chocolate descubre una mejor visión de la vida y de los demás. Sería más edificante fabricar bombones en vez de balas y agravios.
Habrá que poner un solitario bombón en nuestra vida, y sin demora, saborearle en toda su exquisitez. Enturbia el paladar y despeja el alma.
Ángeles Sánchez Gandarillas ©
26-X-2012

1 comentario:
Un poema rendido de amor y al amor...
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