viernes, 12 de agosto de 2011

EL DE CULTURA PROTESTA...


Visto el sarao y el meneo,
habido en la biblioteca,
y la tremenda resaca
que empaña aún a las cejas
debo decir que no es justo
dejar fuera de él a este menda.



Vamos a ello por partes,
como si fuera la guerra,
y defendamos con brío
el estandarte y bandera
que mancillaron con gula
los compañeros sin pena.



Ellos hablaron de un día
y organizaron la fiesta,
y por la tarde subieron
a celebrar la merienda,
entre los libros dormidos
y las ventanas abiertas.



Todo pasó en este agosto,
miércoles diez que se aleja,
tarde de estío y nordeste,
blusas y prendas lijeras,
con ocho o nueve pipiolos
que celebraron la fresca.



¿Pipiolo he dicho?, lo siento,
eran cabezas mostrencas,
aunque tampoco eso es justo
pues tienen bella la testa
y lo mejor es llamarles
"gente que vive y se alegra".



Pero me alejo del fondo
de lo que quieren mis letras,
yo no condeno ese acto,
ni las burbujas señeras
pues tantas copas de vino
hacen perder la cabeza.



Por eso bien les comprendo
y va mi aplaudo de veras,
porque entre el pincho y el vino
se lanza presta la lengua,
y se critica y se juzga
al que nos manda y gobierna.



Eso está bien, lo repito,
y no me duelen las prendas,
porque entre risa y bocado
pasan las tardes lijeras,
en convivencia y concordia
y se mitigan las penas.



Lo que más bien me disgusta,
es el dejarme a mi fuera,
claro que ahora lo entiendo
pues ya no tengo las perras
pues me cambiaron cultura
cuando yo estaba en hacienda.



Por eso digo y maldigo
esa fatal ocurrencia,
que me cambió la fortuna
en esta loca carrera,
ya que de hacienda a cultura
me hizo quedar a dos velas.



Ahora que el tiempo transcurre
y paso en él mil verbenas,
voy a conciertos pesados,
en que las horas son letas,
voy a teatros de Olmedos
donde se aburren los pelmas.



Pero así es la cultura
y no reniego de ella,
porque lo fácil sería
cambiarse ya de chaqueta
pues la cultura, cultura
brilla sin más por su ausencia.



Pero volvamos al centro
y no me aleje del tema,
yo vine aquí en este día
para dejar mi protesta,
para decir que no es justo
lo de la vil encomienda.



Porque vayamos al fondo
que es lo que a mi me interesa,
unos comieron ¿tortilla?,
¿Otros bebieron cerveza?,
¿Otros jamones con queso
con el Rioja y reserva?...



De eso me quejo señores
y agua se hace la lengua,
porque no es justo ni claro,
que el que esto escribe esté fuera
de compartir ese rato
en una tarde cualquiera.



...Y colorín colorado
aquí terminan mis letras,
mientras mi estómago quiere
una tortilla señera
con un refresco que sacie
toda mi sed y me duerma.



Rafael Sánchez Ortega ©
12/08/11

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Nadie criticó tus letras,
ni se cambió la chaqueta,
fue inoportuno, si quieres,
porque no estuviste cerca.

Sin tardar repetiremos
la merienda y la charleta,
que a nadie molestaremos
y será de convivencia.

En cultura o con hacienda,
nunca nos permitiremos
que huyas del taller, vuecencia,
y si es por eso, no temas.

Seguro te avisaremos
en la próxima merienda,
pues te echamos a faltar,
ya viste que hubo un error
a la hora de contar.
a la hora de contar.

nreinor dijo...

El vino y la buena mesa siempre despertó la inteligencia a quienes
disfrutaron de ella.

Acaso nuestros máximos exponentes de la Cultura en España no disfrutaban de sus tertulias en El café de Gijón?

Y no solo hablaban de Literatura...

Rafael dijo...

No sabía que un fantasma
cruzaba la plazoleta,
ni que escuchaba las voces
ni se estiraba en la acera.

Pero veo que así fue
y que estuvo, no en presencia,
animando con sus palmas
y su sonrisa traviesa.

Ahora espera ese fantasma
esa cita y la merienda,
y promete, ¡vive Dios!,
esa cuita no perdérsela.

Aunque esté el listón muy alto,
(así dicen malas lenguas),
en su día acudiremos
a dejar nuestras ofrendas.

Pueden ser versos sin nombre
del salitre y las mareas,
o también cuentos de antaño
de marinos y leyendas.

Pero el fin siempre es el mismo,
sonreir aunque no llueva,
compartir con los amigos
ese rato y esa terna.

No sé cuándo ni sé cómo
viviremos la experiencia,
de comer esa tortilla
con jamón y con cerveza.

Pero prestas ya mis tripas
con pensarlo ya se alegran,
así cierro de momento
y termino mi respuesta.

Rafael Sánchez Ortega ©
12/08/11

Rafael dijo...

No me lo pongas difícil,
¡ay Nieves, mi limonera!,
ni me hables del Gijón,
aquel café de poetas.

Porque si hablaran los vasos
y murmuraran las mesas
del encantado Gijón,
¡cuántas cosas nos dijeran!

Acaso hablaran de toros,
de Cosios y Peredas,
y también de otros clientes
cual Cajal y Canalejas.

Ya sé que el vino dispara
y hasta que anima las lenguas;
en ello no hay nada malo,
es más yo brindo por ellas.

Brindo por la lengua libre
la que dice lo que piensa,
la que habla sin tapujos
y nada esconde en la chepa.

...Si en el fondo estoy contigo,
con tus manitas de seda,
con ese trazar vestidos
en los regalos que dejas.

Porque son como brillantes
tantos versos, entre perlas,
que acunaste con tus manos
y rozaste con tus yemas.

Uno a uno desgranaste
tantos libros, con paciencia,
tanta lámina preciosa
que la vista se recrea.

...Pero entiende tú mi encargo,
esta súplica sincera,
de querer vivir el tiempo
y sentir vuestra presencia.

Ya los años van pasando
y atrás queda ya la hacienda,
hoy cultura me reclama
y mi esfuerzo está con ella.

Rafael Sánchez Ortega ©
12/08/11

María dijo...

No, si cuando digo que este verano estáis sembrados!!!
María (biblioteca)

nreinor dijo...

Está visto, que quien hace tan bellas las palabras, no puede esconderse detrás de Hacienda, sino que ha de dar la cara en la cultura, como Dios manda.

Con cariño,
Nieves