miércoles, 24 de agosto de 2011

DAVID FERNÁNDEZ GUTIÉRREZ




Llegó a la torre del Preboste una nueva exposición de pintura. Es de David Fernández y presenta 23 sorprendentes y originales obras; la mayoría de acrílicos y un tercio en técnicas mixtas de base acrílica y arena, las confiere una textura especial. Merece la alegría subir a disfrutarlas.

Comenta que diez años atrás, pintaba tan solo esporádicamente. Había tomado clases en Cabezón de la Sal con dos profesores de renombre; allí su don se reforzó con la técnica y hoy muestra dos de telas de aquella época formativa. Un paisaje de Liébana y una marina preciosa con el encuentro de una marejadilla y costa agreste. Una lesión sufrida en enero de este año, lo relegó al reposo y retomó con fuerza esta afición.

Al verse obligado a dejar de lado su actividad profesional, le condujo hasta este nuevo punto de partida; un efervescente y fructífero trabajo artístico. Una nueva técnica de pintura.

Muestra su trabajo orgullosamente con una leve emoción en sus brillantes y jóvenes ojos, lo hace a cada espectador que llega. Describe los lienzos, el colorido, la textura conseguida en la técnica mixta que las proporciona dimensión y cuerpo, igualmente, explica la razón de cada título y el fundamento que lleva a las reflexiones sobre su contenido. Se puede apreciar la llegada de esta información a la mente antes incluso, de que David abra la boca; son explícitas.

En el primer piso de pinturas que se podrían definir como vidrieras, pero que en los lienzos de David son lisas y uniformes. Ha utilizado con maestría los pinceles y sombrea pieza a pieza para conseguir el volumen preciso y también el del modelo en general; consigue sin embargo en cada segmento que dibuja, la sensación de parecer músculos independientes y envuelve cada pieza en un marco negro que los rodea e independiza de los demás fragmentos, (en ellos podríamos imaginar las varillas de plomo para ensamblar los cristales de colores en las vidrieras), poseen diferentes coloridos, tamaños y por supuesto en posiciones, ya que están colocadas donde correspondería el colorido natural de los animales mamíferos, los alados, paisajes o incluso, en un retrato de mujer.

Es posible que sea un gran conocedor de la naturaleza, pues parece marcar la musculatura interior en unos, el plumaje de otros, la parcelación y vegetación paisajística o en los fondos que da a sus pinturas. Es detallista incluso, al establecer en cada una de las especies el macho y la hembra. A pesar de estar pintados en una especie de rompecabezas, se manifiesta perfectamente el lugar de cada tono y color, la raza y familia, los frutos o troncos de árboles, aún siendo estas porciones fronteras de si mismas.

El segundo piso alberga las 11 obras restantes. Una de ellas es el retrato de un bebé con una mirada interrogativa, denota la ternura, siempre difícil de trasladar a la tela. Esta a la vista un atardecer en técnica mixta, impresionante y así se puede definir en su totalidad, tanto en estilo, calidad y colorido; hace recordar el diseño de un marca páginas que vi hace poco de otro artista local.

En el abstracto titulado “Esferas cuadriculadas”, la primera impresión fue ver una esfera desparramada en un cuadrado pero al acercarse, se vislumbran una serie de esferas oscuras y minúsculas pegadas dentro de cada cubo, consigue así sorprender con “una realidad distinta de lo natural”.

“Arraigado a la tierra”, muestra una analogía de la cabeza de un hombre entre sombras oscuras y enrojecidas, nace de la tierra un árbol enraizado al lado derecho del cuello, pasivo, envejecido, agotado por la edad y el sufrimiento abnegado.

Una ciudad ardiente, vacía, con volutas tridimensionales de humo o contaminación. Hay un reflejo de las ruinas de una población, tan tenue que hace escalofriar al espectador, demuestra lo poco que somos y tenemos, tan solo un reflejo en el tiempo, acarreando una posible y decadente avaricia que desaparece justo al morir. Seguido a este, un cuadro impresionista que eleva un poco de la crudeza en la anterior reflexión, abre camino hacía la luz, quizá a la esperanza.

El surrealismo se pone de manifiesto con la imagen de una pistola enterrada que da frutos en forma de armas de fuego. Cada disparo abre un nuevo socavón que es convertido en un continente, el resto del terreno se aja y el sol, se desangra en gotas gelatinosas, llenando cada cicatriz continental, demuestra un especie de Apocalipsis; violencia, hambre o el latrocinio social a todos los niveles… ¿la destrucción total?

Hace seguidamente sarcasmo pintado sobre la paloma de la paz, está difunta y las hormigas hacen festín y consiguiendo así el aprovechamiento; hormigas o huellas, realidades de un mundo donde se puede comercializar la paz o matarla por sicarios a servicio del dinero o del poder.

Me quedo con la reflexión del cuadro más trabajado; es un hiperrealismo sobre la vejez, donde el pensamiento, ya sea sensato o enajenado, distingue la realidad y el abismo en soledad, un descanso infinito y esperado bajo un cielo asurado; cansancio y pesadilla, rotura de los esquemas sociales que no tiene tiempo material para los suyos, el perseverar sentado en un equilibrio insensato sobre el quicio del mar y el universo, a la espera irremediable de caer a un lado u otro; rodeado del eco del silencio galáctico y del sonido de un mar incansable. Se titula “Reflexión”

Si que hace reflexionar, tanto que recodarlo escalofría. No obstante esta crónica nada puede tener que ver con la interpretación del artista o del resto del público.

David Fernández Gutiérrez es el pintor de vidrieras preciosistas en lienzos cuidados y alegres o el surrealista del s. XXI, quizá sea el pintor abstracto del detalle y el impresionista de la reflexión.

Ángeles S. Gandarillas ©
19-VIII-2011


1 comentario:

nreinor dijo...

Me gustaron estas pinturas, diferentes técnicas, temas diversos y una imaginación tratando la realidad actual,que no me dejó indiferente.
Te felicito.
Nieves