miércoles, 30 de julio de 2014

HORA Y MEDIA





            Hora y media más o menos duró la vivencia que transcribo. Verás, es lunes, y eran las cinco y media de la tarde cuando haciendo tiempo para acudir a la habitual cita  de seis y diez   con Sara Torre en Onda Occidental, me acerqué al mar frente a La Cabaña.

            Diez o doce jóvenes, casi adolescentes, con menos años que mis tres nietas y casi tan guapas como ellas, (aunque no tanto), se divertían echándoles migas de pan a los peces. Estaban tan interesadas en su juego,  que hasta dejaron de teclear sus móviles  para depositarlos  sobre las mochilas que tenían en el suelo.

            Amenizaba el baile que  los  mubles festejaban con sus idas y venidas,  vueltas y revueltas tras la lluvia de migajas, un pollo de cormorán  que entre ellos se deslizaba con la velocidad de un torpedo, emergiendo a la superficie cada vez que atrapaba una quisquilla.

            -¡Mira que pato tan raro!

            La saqué de su error:

            -Es un cormorán. Los patos no se sumergen, y aunque lo hicieran, nunca se moverían bajo el agua  a esa velocidad.

            Como me sonrieron agradecidas, las vacilé un momento:

        -Enséñales el pan, y luego en lugar de echarlo al agua, déjalo sobre el primer escalón de piedra; verás como los peces salen a comerlo.

            Tan ingenuas eran, que lo hicieron. Los peces no salieron, pero para sorpresa primero mía, y luego de ellas, se acercaron seis  gorriones, de los que dos  incluso se atrevieron a comerlo en sus propias manos.

            -¿Sabéis que peces son estos?

            - Si, ¡truchas!

            - ¡Salmones!

            -¡Carpas!
           
            -Vosotras sois más de río que de mar.  Los tres nombres que me habéis dicho,  viven en agua dulce. De todas formas, pensar un poco: ¿No os parece que si fueran de carne tan exquisita como la de los que habéis nombrado, no habría cantidad de pescadores cogiéndolos para la cena?  Aquí se llaman mubles, se alimentan habitualmente en las cloacas, y si se come alguno, son los pescados en las rocas alejadas de  la costa.

            Eran de Huesca y Teruel; y empezaron a hacerme tantas preguntas sobre las cosas del mar, que me libre de poner de manifiesto mi ignorancia, cuando advertí que era el momento de acudir a la Emisora, y me despedí de ellas.

            Como profesionales de la Radio, en la emisora estaban Sara Torre, y Lidia Cuenca. Del Taller de Escritura,  hoy solo Alba, Lines y yo.  Alba Ortega es la más joven de todos los miembros de nuestro Taller, y yo el más viejo.  Alba es incluso  más joven que mis tres nietas, pero al contrario que las de Huesca y Teruel,  esta sí es tan guapa como ellas.

            Hoy le tocaba leer a Alba a quien no  había visto desde esta primavera. Me pareció que le habían crecido sus ojos almendrados y hermosos. Pero no fueron sus  ojos  de Bambi quienes me asombraron, sino el texto que había escrito sobre la llegada del verano, y que leyó en antena para deleite de los oyentes de Onda Occidental.

            Poco más que una adolescente, y escribió como una profesional  de las letras. Dejó reflejado en el papel toda la sinceridad de su sentir, y al escucharla estuve seguro de encontrarme ante una futura y auténtica escritora. Alba Ortega García; acordaros de este nombre. Yo ya no estaré presente, pero seguro que alguno de vosotros dirá: “Mira que razón tenía el viejo aquel que lo predijo”  ¡Ánimo, y adelante, Alba!  El futuro es tuyo.

                 Jesús González ©

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Eso digo yo, si señor, muy de acuerdo contigo, tenemos a la juventud que desborda.
Y tu escrito también.
lines

Alba Ortega García dijo...

Muchísimas gracias, estoy llorando de la alegría que me producen vuestras palabras. Aprendo de unos grandes como vosotros, y siempre voy a recordaros y llevaros en mi corazón. Millones de besos.