jueves, 10 de abril de 2014

LOS OBJETOS





En un e-mail que me acaban de enviar, entre frases maravillosas encuentro:


-Los objetos fueron hechos para ser usados.


-Las personas fueron hechas para ser amadas.


-El mundo va mal porque se usan las personas y se aman los objetos.


Lo primero que pensé fue "¡qué verdad!" Pero luego pensé. Desde que estábamos en las cavernas ya embellecíamos las cuevas. Un simple plato que sirve para comer (lo más básico) siempre hubo, hay y habrá gente que con su arte convertirá ese plato además de objeto cotidiano en una obra de arte. Cualquier cosa, hasta la más insignificante, ha sido hecha para hacernos la vida más fácil y agradable a la vista. Luego está el arte por el arte, ese que casi solo sirve para admirarlo. Pero quien no se descubre ante un MIGUEL ANGEL, un RAFAEL, un GAUDI, un VELÁZQUEZ, tantos y tantos pintores, escultores, arquitectos, modistos y un gran etc…



Luego está esa otra parte en que hemos convertido una fracción del arte. En una inversión con mayúsculas. Solo es dinero a veces guardado en bancos y nadie lo puede admirar. Y lo gracioso es que a veces son cuadros de artistas que en su época casi se morían de hambre y ahora pagan por ellos cifras astronómicas.



Siempre recordaré, ya lo escribí hablando sobre el impresionismo, viendo una exposición de Monet, de cómo se me saltaron las lágrimas al ver una serie de Ninfeas. El mismo cuadro pintado con luces diferentes en tres momentos del día. Había muchos cuadros, algunos me encantaron, pero ese fue el que me impactó. Y aquel señor, que en una exposición de Isabel Guerra no pudo contenerse, se volvió hacia mi marido y hacia mí, contemplando uno de los cuadros y exclamo. "¡Esto solo lo pueden hacer los divinos!"



Para mí mi termómetro es la piel. Yo no se si cuando contemplo una obra de arte, vale poco, nada o millones. Si se me pone la carne de gallina como suele decirse a mí me vale y en esos momentos soy feliz. Pienso que de eso se trata, de hacernos la vida más agradable y llevadera y además lo que me gusta a mí a otra persona le puede parecer un bodrio, por eso el arte es tan extenso que no tiene ni tendrá final.

                                                                      
 Mª .Eulalia Delgado González ©
2014

1 comentario:

Manuel Montesinos dijo...

Buena reflexión, justa, sincera y muy acertada y lo del termómetro en la piel es de lo más humano que así debe ser ante el arte. Buena entrada. Abrazos