sábado, 1 de marzo de 2014

ENTRE PEDRO Y MILAGROS




            Me están haciendo lamentar no haber nacido en el África más profunda. Porque su ética, (la africana), hay que mamarla.  Yo nací al norte del Estrecho, y mis congéneres solo me dieron a mamar de la teta del maldito y egoista individualismo. Verás, me explico:

            De Pedro escribí hace cuatro días  comentando lo que con el título de “Simba”, relató en “Susurros Barquereños”  sobre  su experiencia de una excursión africana.  Pedro es un mallorquín que llegó de no sé donde a San Vicente acompañado de Francis, (que es una catalana cercana y simpática), se dijeron a sí mismos que les gustaba este pueblo, y decidieron quedarse a vivir en él,  para que los de aquí pudiéramos tener la suerte de conocerlos. Además de lo que ya comenté sobre la convivencia de las personas de las selvas  y sabanas africanas con sus amigos “las fieras”, me maravilló el que Simba no accediera a dejar su minúsculo escarabajo brillante a Pedro, por el único motivo de que no debían alejarle del pequeño montículo de tierra donde le había cogido, para que no se perdiera. Después de mostrar a Pedro la extraordinaria belleza que los rayos de sol irradiaban sobre la caparazón del bicho, Simba lo devolvió a su lugar en la tierra, con la mayor de las delicadezas…

            A  Milagros la conozco desde hace un montón de años, cuando a mi pueblo vino doña Susana, una señora vasca, buena moza, habladora y simpática, que ejerció varios años como maestra de las niñas. Milagros, convertida hoy en abuela-guay, era entonces una niña inteligente y repipi, hija mayor   de  aquél matrimonio que, además de a Mila, aportó al lugar otras tres niñas  cuyo grato recuerdo perdurará mucho tiempo… Milagros se hizo maestra como su madre, se fue a vivir al país vasco, se casó, tuvo hijos, de Bilbao se fue a ejercer a Madrid, tuvo nietos… Compró una casa con huerto en el pueblo donde Julián su marido es feliz escapándose de Madrid para correr a cultivar sus hortalizas, y  Mila lo es con su ordenador, enviando a sus amistades  selectos correos electrónicos.

            Pues bien, uno de estos correos que me llegó este día, coincidió en fecha y en el tema, con laexperiencia que Pedro contó de África. Se titula UBUNTU. Es una palabra de alguna lengua africana cuyo significado quiere decir algo parecido a esto: “Yo soy, porque nosotros somos”.  La cosa no queda  como muy clara, y necesita una explicación:  La mejor es contar la historia de Jorge Bendor, un misionero argentino que puso bajo un árbol una cesta con fruta, y le dijo al grupo de niños que había en la escuela, que sería para el primero que llegara hasta ella.  Se asombró el hombre al ver que en lugar  de echar  una carrera a ver quien llegaba el primero, los niños se cogieron del brazo unos a otros, ytodos  llegaron a un tiempo al cesto, le cogieron, se sentaron en el suelo frente a él, y juntos comieron hasta saciarse.  Los niños tenían UBUNTU,  esto es, ninguno de ellos podía ser feliz, si veía tristes a los demás.

            Los africanos que empujados por el hambre saltan las verjas de Ceuta y Melilla, seguro que vienen buscando el Ubuntu de los europeos. ¡Pobres ilusos!  Ignoran que a nosotros aún no nos ha llegado la auténtica civilización…


            Jesús González ©

4 comentarios:

María Estévez dijo...

Conmovedor texto.
Un abrazo enorme.

Pedro dijo...

Tienes más razón que un santo. Produce arcadas leer que, sólo en los EEUU, se queman cada año miles de toneladas de cereales para que no baje el precio en los mercados internacionales. Ese es nuestro ubuntu.

Pedro dijo...

Antes de que emigres a África, te diré que aquí también hay esperanza: A veces, entre las lechugas ecológicas que Francis compra, se encuentra algún caracol. Pues sorpréndete: se pone el abrigo y se lo lleva a los parterres del paseo de las palmeras, frente a casa, y allí lo deja: ¡UBUNTU!
P. D. - ¡Ah, por si acaso: Francis ya está pillada!

Anónimo dijo...

¡Dioses!, Jesús, me encantó... Abrazo. Lines