jueves, 13 de diciembre de 2012

EPITAFIO



¡Con cuidado para que no se les caigan los alfileres! Una vez le amortajaron con el traje de los domingos, recostaron al viejo pastor que habían encontraron helado en la nieve, dentro del ataúd y lo cerraron. Al día siguiente le trasladaron al cementerio. Tras el funeral tapiaron sus restos mortales con una lápida que guardaba en su cabaña, el único deseo cumplido en su larga existencia.

Todos sabían que había fallecido sin saber leer ni escribir, su gran ilusión; todos entendieron sobradamente el epitafio que adornaba el mármol reluciente: “Pancracio, leyó la vida y escribió en el aire”.

Ángeles Sánchez Gandarillas ©
9-XI-2012

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