martes, 27 de noviembre de 2012

SILENCIO


He decidido escribirte una carta porque llevamos dos días sin vernos. ¡Dos días! Me parece increíble poderlo resistir. Tú sí que pareces haberlo conseguido. Yo no puedo.

Por eso te escribo, aunque sea fuera de onda, fuera del mundo, fuera del papel, porque, nada hay que decir sin nadie al otro lado. Nada fluye, ni siquiera la energía.

¡Nada!

Me da la sensación que me falta un pedazo.

¿Ya no quieres hablar?

Quizá, estas mal y pretendes evitar que me preocupe. Eso lo podría asegurar, eres buena persona. Quizás estés ya bien; sería lo que más deseo.

...Pienso que el tiempo es relativo. Sí. En realidad nos conocemos hace muy poco. O, ¿es que hace mucho y se mide en corto? Hay conexiones o uniones incomprensibles en un tiempo mínimo entre dos personas o en un grupo. Surgen alianzas con un lazo especial. Un lazo libre, fuerte, sin deberes, sin redes... Con afectos no natos, como si fueran de cesárea. Pero ¡vivos! ¡Es inexplicable, y sin embargo sucede! Eso es lo que aparece en nuestro caso. Lo bueno de la amistad es que nace con lentitud y desaparece con el mismo ritmo. Me pregunto si será eso lo que está sucediendo.

Conste que estoy esperando todo el tiempo.

Leo, mientras tanto, una historia de amistades; siempre hay amistades en los libros. La amistad es tan importante que no hay ni una sola lectura sin esa relación amistosa.

Si encuentras una lectura sin amistad, o si yo la encuentro, quedamos para tomar un café.

Ya, ya sé que no caerás en la triquiñuela de dar contestación. Además, perderías la puesta. Pagarías el café. Bueno, no importa, invito yo.

Te oiré, te leeré, te veré en cualquier momento que quieras.

Incluso si pasara un lustro. O dos.

Si no quieres, no pasa nada.

Si has cambiado tus opiniones, yo lo comprendo.

Espero que estas letras lleguen a su destino, o simplemente, las percibas.

¡Qué estés bien; qué te tengo en el alma!

Un abrazo GRANDE.


Ángeles Sánchez Gandarillas ©
26-XI-2012

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