martes, 6 de noviembre de 2012

PLENITUD



El paseo a la Atalaya
es deseo repetido y consumado.
A su paso se retiran los magnolios,
esa acacia protectora y bienoliente en primavera,
e incluso, los mininos y las uñas de las zarzas,
y el rosal, que había muerto en sus colores...
Y sólo era,
Y sólo estaba
Y sólo olía a despoblado y a aletías.
Estaba plena.
Estaba y era.
Había vuelto del laberinto con Teseo
y de la historia remilgada de la pena.
Repetida.
Indefensa
ante ese encierro enlutado
y al regodeo de quererse en su condena...

Al llegar a la Atalaya
ha mirado las estrellas en el cielo
y los haces que fulguran de su faro,
como guía en el comienzo de otra historia
y otra lucha.

Miró el mar,
y escuchó el bronco oleaje.
Oyó músicas sin fin en compañía de la playa,
espectadora a su costado,
que se viste de dorados
para un concierto interminable,
y que aplaude, ayudada por el agua,
con sus manos incontables e invisibles.
Y sentía en ese aplauso algo propio.

Seguía sola.
Era suyo aquel instante.
Ni siquiera le interrumpía el rugido de algún coche,
el delirio en las parejas solitarias;
ni ese amor pudo arrancarle de su sino..

Esperaba al viento amante.
Y no llegaba.
Esta vez,
no hubo el mimo generoso en su cabello.

Encauzó paso tras paso en su retorno -o en su recuerdo-,
acercándose hasta el puerto, que se viste de bahía,
y notó que toda el agua se venía al rompeolas,
que dejaba más espacio
y que el aire que llegaba,
eran suspiros de los puentes.
Le llenaron sus pulmones de salitre
y de alegría,
de fanales que alargaban los reflejos
de las sombras rutilantes.
Se creció de tal manera
que alcanzó a alguna nube
-o era bruma, allá, en la gloria-.

Se sintió como el aroma de marismas,
el siempre verde en los San Juanes,
el olor acidulado de silvestres margaritas
o, a manzanas de verruga en los septiembres,
y al cerezo en primavera encendido y deseado...
¡Se sintió tan importante!

Y abrió los ojos al teatro de la vida.
Y cerró las candilejas...


Ángeles Sánchez Gandarillas ©
4-X-2012

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Maravilloso poema! Versos premonitorios y realistas de superación de uno mismo a través del reencuentro con el "YO" en la naturaleza. Es el "beatus ille" horaciano en el "locus amoenus" renacentista que sigue perviviendo en la poesía actual. La alusión a la fiesta profana de San Juan, junto con los frutos elegidos de las dos estaciones más regeneradoras, le imprime un matiz fresco y alegre en el que la poeta respira esa plenitud que la traslada al Olimpo.
Bellatrix