“Déjala a ella que sea
pájaro”, le dijo la serpiente, y siendo humilde hoja caiga en el vuelo de su
quimera, y sea el abono para hacer crecer el arbusto que se mude en alado, y...
resurja como Ave Fénix del incendio del divino pirómano que mandó quemar el
Paraíso. Además, manzana, ¿no eras tú quien deseaba ser la tentación y empezar
todo el lío?
Ángeles Sánchez
Gandarillas ©
18-XI-2012

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