miércoles, 10 de octubre de 2012

BARAKALDO





            Así lo escriben ellos, con “k” de   kilo. Y  así lo escribo para que no se disgusten, pero yo siempre lo escribí, y lo vi escrito con “c” de casa.

            Pues allí me planté el viernes, en  Barakaldo con “k” de kilo. Y no fui absolutamente a nada, pero hacían una excursión los de Val de  San Vicente, y nos fuimos a pasar el día con ellos. Tenemos amigos en  este lugar, pues no en vano vivimos dieciséis años en Muñorrodero. Además, yo había pasado muchas veces por Baracaldo con “c” de casa, para ir a Bilbao, al aeropuerto, o camino de la frontera, pero entrar, lo que se dice entrar al pueblo, (perdón, ellos le llaman ciudad,) nunca lo había hecho.

            Sabía de antemano que en Barakaldo con “k” de kilo no hay mucho que ver.   Y comprobé  que era cierto, que no lo hay ni con “k” de kilo, ni con “c” de casa. Hombre, en el centro del pueblo tienen una gran plaza donde está el Ayuntamiento que no está mal. Y además del Ayuntamiento está en ella una  escultura grande, muy  grande, de un hombre totalmente desnudo con una gran maza de hierro levantada por encima de la cabeza, que no se muy bien si representa a los antiguos forjadores de sus industrias del hierro, o le tienen para que todo el mundo vea lo bien dotados que están los vizcaínos, y la maza para descargarla sobre la cabeza del que lo dude.

            Nos esperaban a la entrada, dos guardias municipales para indicar el camino a los autobuses, e incluso habilitaron un sitio especial cerca de la plaza, para su aparcamiento. Nos recibieron en el Salón  de  Plenos donde Tontxu, (¡Hay que joderse, con lo fácil que es decir Antonio!) el alcalde, nos dio la bienvenida, y Roberto, el alcalde de Val de San Vicente, agradeció la acogida.  (Ocurre que Tontxu se apellida Rodríguez, lo que ignoro es si cuando firma  lo escribe así, o pone Rodriguezkatúa.) Nos proyectaron un   breve “vidio”  sobre su ciudad, nos regalaron a cada uno una publicación sobre lo mismo, y pusieron a nuestra disposición un par de guías para que nos mostraran los lugares más interesantes

            El guía del grupo donde iba yo, debía de ser  uno de esos vizcaínos  que se les llena la boca cuando hablan  del  Gran Bilbao, porque entre las cosas que le escuché, aseguró que Barakaldo con “k” de kilo, en su época más floreciente, (que seguramente fue cuando era Baracaldo con “c” de casa,) había sido la ciudad de España no capital de provincia, con más población censada. Para asegurarme de haberlo oído bien,  le pregunté si con más población que Vigo o Gijón, y me aseguró que sí. Cuando se lo conté  a mis amigos no lo creyeron. Y cuando me lo demostraron investigando mediante Internet en el Instituto Nacional de  Estadística, también yo dejé de creerle. ¡Es que estos del gran Bilbao, son la leche!

            A las dos y media en punto estábamos dentro de los autobuses para ir a comer. Nos llevaron a un lugar llamado El Regato, a unos cinco kilómetros (con “k” de Barakaldo,) del centro urbano. Es un lugar realmente bonito y bucólico arropado por montañas de abundante vegetación, y comimos de p. m. como se suele decir a veces para evitar el daño que el taco pueda hacer en los oídos. Después de jamón, espárragos,  foie,  (seguro que de  auténtico canard de la mismísima región de Aquitania,) pimientos rellenos, langostinos y revuelto de gambas con ajetes y gulas, nos dieron un chuletón deshuesado a cada uno, que pesaba más de medio kilo con “k” de Barakaldo. Como yo no tengo paladar, no se si era bueno o malo. Pero para mi estuvo delicioso, tierno, dorado por fuera y sangrante por dentro. Sabroso a rabiar, y con abundantes tiras de pimientos  y patatas fritas. ¿Se  puede pedir más? Si, el postre, que fue lo menos interesante: tarta con helado.

            Amenizó la comida un virtuoso del acordeón, y cuando los pocos que se decidieron a bailar, se cansaron, montamos de nuevo en los autobuses, y nos apeamos en Las Arenas al mismo pié del Puente Colgante. El objetivo no era otro más  que pasar a Portugalete a pie, a todo lo ancho del río Nervión.

            Casi hace mil años que crucé yo de un lugar al otro en el trasbordador que lleva casi a ras de agua personas y vehículos.  Así,  desde el año 1.893 que se construyó, siendo el primero del mundo en este tipo de puentes colgantes. Lo que yo ignoraba  es que en 1.999 se construyó un ascensor dentro de cada una de sus dos torres, por donde suben los turistas y cruzan caminando a cincuenta metros de altura para bajar en el otro “descensor” a la villa de Portugalete.  Realmente mereció la pena porque desde arriba se admira mejor la grandiosidad del puente, y se recrea la vista con el impresionante paisaje marítimo y urbano.

            Después volvimos a Cantabria con “c” de casa, y en rodando unos pocos kilómetros con “k” de Barakaldo, alcanzamos a nuestra  hora  habitual la cama para descansar. ..


                                     Jesús González ©

2 comentarios:

lns Ángeles Sánchez Gandarillas dijo...

Buen Komentario.
Por cierto, creo que hoy, a las 5 h., viene Salcines a las Amas.
Abrazo. Lines

Anónimo dijo...

Muy bueno , Jesús . Veo que estuviste en mi pueblo Las Arenas donde nací y viví hasta los diecisiete añitos . Mi segundo apellido es Urquiza o Urkiza , como a ti te guste más jajaja...
Un abrazo.
Ana