jueves, 14 de junio de 2012

ENCAJONADA



Hoy leía un poema de esperanza
en que hablaba una persona
de recuerdos y de amores, seducían,...
de una cita que rompieron
y una cama que aún hoy, les esperaba...

Y pensé en mi cajón
tan vacío de esperanzas
y cerrado para siempre, impenetrable,
a porfirias suspiradas
de los llantos repetidos,
del dolor y de la noche que no acaba.

Yo até en un lazo verde y rojo
un romance y el placer que me negara,
unas flores ya marchitas,
rosas feas las llamaban,
que mal olían al pudrirse
convertidas en estiércol que descansa
como abono a otras flores,
de unas fechas más humanas,
más sinceras y también,
el nacer de otras mañanas...

Unos días que vendrán, estoy segura,
y vendrán sin el silencio que obligaba
a los miedos de volver al domicilio,
sin saber porqué volvía,
o es que solo regresaba
desde un susto que ensayado
en teatros de una ley que a mis espaldas,
se razona en la justicia
de ilusiones desgajadas;
y eran puras teorías...
en decisiones que se estancan
y que huelen, retenidas,
podredumbres en mi alma...

Y que sepan que es muy fácil
ver la suerte en otras camas;
me decían que exigiera
que no era una esclava
y, dijera que era libre con mi cuerpo,
y que yo no era la puta de su cama,
que hasta ellas decidían
sus horarios o jornadas.

Pero, estaba dependiendo
de su pan, de aquella casa
en que nunca fui dichosa,
prisionera, solitaria
en los miedos, y enfermada,
y huía de la gente, de mis hijos...
Y sin embargo, allí seguía, siendo nada...
Y no hay vida sin mi justicia
más aún, seguiré siendo cautiva
de la fuerza de mis miedos
y quedarme, ya por siempre, encajonada.

Y no hay más nada...

Ángeles Sánchez Gandarillas ©
14-VI-2012

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