-Debe de ser su costumbre: su manía de hacer los deberes, de trabajar el vocabulario, de guardar las biografías de los autores en ese cuaderno, su cuaderno panzudo. En general, debería decir que es una actitud positiva, y ello tendría que inclinar el fiel en su favor; pero, por otra parte, he sido informado de su pasividad en el Taller de Lectura. Que su postura ha sido la de mantenerse callada hasta que el coordinador le ha pedido su opinión. Y que entonces, y sólo entonces, ha intervenido con su típica frase inicial: “la verdad es que tengo poco que aportar- no obstante, he de decir que a mí el libro me ha encantado tanto por su ritmo como por su interesante reflexión sobre la responsabilidad, la amistad …”
-Reconozco que hablo poco en las reuniones. Yo –como Usted ha dicho- acudo con el libro muy trabajado y lo que me interesa es escuchar y aprender de las aportaciones de mis compañeros. Sí, puede que haya sido egoísta.
-¿Sabe, verdad, que hay una larga lista de espera y que si no aporta algo que incline la balanza a su favor, quedará Usted fuera del Taller?
-En mi defensa diré, Señor, que en mi intervención sobre el libro “El librero de Kabul” quise transmitir, no solo mi opinión, sino también mis sentimientos: sentimientos encontrados como la compasión y la rabia. La pequeña Leila ardía en deseos de huir de la esclavitud en la que había vivido, ansiaba formar su propia familia fuera del patriarcado puro y duro de su padre Khan. Cuando un rayo de esperanza se vislumbra en su vida, ella vuelve a acatar la voluntad de los hombres y se subyuga, esta vez hasta la muerte, a una existencia aplastada por más personas a las que mantener. Intenté. Señor, compartir con mis compañeros todo el sufrimiento, el espanto, mi terror. Quise hacerles partícipes de lo que el libro me había ofrecido a mí.
------------------------------------------------------------------
-Toc, toc
-Pase. Buenas tardes. Siéntese, por favor. Mire, aquí tiene la hoja del examen. Como verá es monotemático.
“ Mi progreso en el Taller de Escritura”
En los paseos por la playa, he seguido razonando sobre el tema señalado; pero al acostarme me he alejado del relato. He intentado liberarme del título, dejando que los protagonistas lleven la actuación, es decir, dejarlos a su aire; he intentado seguir la función de la voz narrativa: contar el relato sin inmiscuirme en él. En cada uno de los relatos, he intentado introducir una cuña chocante, descentradora y, así, al leerlo ante los oídos ávidos de los compañeros me han hecho sentir que les han agradado los temas. Sus sonrisas y elogios me han alegrado el espíritu, pero sin vanagloriarme: el gozo acababa recién comenzaba el relato ajeno.
Si me pongo en el lugar del crítico literario tendré que admitir que dejo poco margen a la inventiva del lector, ya que le ofrezco el alimento hecho papilla.
El crítico me exhortará a “Don´t take it for granted” Es decir, que la información que vuela en mi mente es mucho más compleja, más completa que la que le ofrezco al lector, que este no tiene una mente telepática, por lo que a menudo, no hay forma de entender el tinglado que le he presentado. Debo diferenciar, pues, estos dos niveles de conocimiento.
Pero quiero olvidar las palabras exigentes del crítico e intentar lograr un aprobado. Añadiré que he intentado ser original en mis presentaciones. Traigo a colación: “LOS PINTORES DE VITORIA” para introducir el tema de Carnaval. “T A R A R A R A R A R A” en las Bacanales. “LA MALETITA” en El Atardecer.
-¿Qué no es mucho? De acuerdo, no obstante, la idea de que algo mucho mejor está por llegar me martillea la mente. Quizá, un tema mágico corrija los fallos y me llene de gloria. ¡Quién sabe! Señor examinador, deme el beneficio de la duda, y no tenga prisa en segar esta afición que siento por la Literatura.
San Vicente de la Barquera, 8 de junio de 2012
Isabel Bascaran ©

No hay comentarios:
Publicar un comentario