domingo, 17 de junio de 2012

BUSCO.



Busco encontrar entre mis libros
mil historias,
rebuscando en un repaso al olvido
y he abierto algunos libros,
me parecen ser tan viejos como el tiempo.
Y hallé un gran pétalo de rosa,
al tomarla entre mis manos
se ha caído; está debajo de la mesa.


La recojo con cuidado, es muy frágil,
es ligera como sedas en el viento,
como el agua de la lluvia,
las alitas de una mosca
o, la tibieza en los labios de un amante...


Huele a edades de locuras,
fantasía adolescente
de un amor, quizá el primero,
y me huelen a las flores amarillas
que, aún hoy, nada me gustan.

Esa hojita que sostengo con cariño
puede ser que sepa algo del pasado,
la interrogo con ternura y hasta con tacto.
¿Sabes tú quien era el hombre
que veló de mi locura apasionada?,
¿sabes tú quien me besaba en la Iglesia,
en la atalaya,
o en mi portal, a oscuras?,
¿lo lloré cuando marchaba
o le dije que partiera?


Y ese pétalo de rosa oscurecido
de granates y azabaches,
enroscado en los extremos
y que olía a tantas cosas...,
no contestaba.
Era aroma al tabaco de las pipas,
a inciensos y a las velas de los templos,
a salitre y a terreno humedecido,
a maderas tan antiguas como el viento,
al recuerdo de los lápices de pino,
¡contenían tanta grasa en sus colores
que plasmaban en pastel aquel dibujo!...


¿Aquel dibujo, qué dibujo?,
No recordaba...
Apreté aquella hoja
y se deshizo entre mis dedos,
la torturé de tal manera que murió
y nada dijo del pasado.
Fue la mártir de mi espera y de mi olvido.


Recogí en una bolsita
la ceniza ensangrentada
y dos fragmentos contraídos.
Así estaba mi memoria,
y así mismo, la he dejado
entre dos libros...




Ángeles Sánchez Gandarillas ©
16-VI-2012

1 comentario:

Anónimo dijo...

Se fundió todo mi hierro al leer:
La tibieza en los labios de un amante...
La dama de hierro