viernes, 29 de octubre de 2010

BLANCA NIEVES Y TODOS LOS ENANITOS.


De la mano del AMPA del Colegio de Cristo Rey, colaborando en la inauguración de “La Hora del Cuento” 2010-2011, esta actividad procede de la Biblioteca Municipal y conducida por María. Comenzó con este cuento popular, escenificado por los padres del alumnado de este centro escolar. Hay tan solo una jovencita, toca el piano en directo. Un placer ver el auditorio a rebosar.

La puesta en escena hace referencia al cuento en cuestión, camitas para los enanitos, árboles, sol, nubes, flores, un pozo de los deseos, una silla y con animalillos propios del bosque, al fondo, un piano y la pianista. Por no faltar no faltaba ni el narrador. Este juglar perfectamente vestido acorde con su papel, gorro de lado en pico, una camisa de grandes cuellos y calzas amplias, contaba con voz clara que había encontrado un cuento mágico y empezó a leerlo, pues los niños así lo quisieron.

Érase una vez una reina que tuvo una hija a la que llamo por ser tan blanquita, Blanca Nieves. Creció y se convirtió en una bella princesa, de labios rojos, piel blanca, pelo negro como el ébano y con su vestimenta de capa roja, vestido azul y su tocado en el cabello. Deseaba encontrar un príncipe azul y así lo solicitó en el pozo de los deseos; cantaba en play back, dejaba a los presentes atónitos ante tanta perfección. Se cumplió y apareció el soberano, se enamoraron y prometió volver por ella.

Pero hete aquí que la madrastra no deseaba tener competencia con su belleza y se valía para saberlo de un espejo mágico. Este le dijo que blanca Nieves era la más bella, quiso acabar con ella, para ello encargó a un cazador matarla. Apareció en escena este hombre de aspecto fuerte y voz sonora. Pero al llevar a la niña al bosque, no pudo cumplir los deseos de su señora; las notas del piano sonaron tétricas y la escena se llenó de miedos. Los niños se asustaban y creían todo lo que se veía allí. No es de extrañar, estos actores por afición, tiene grandes dotes escénicas.

Blanca Nieves escapó y perdida en el bosque, para ello bajó entre los pasillos de los espectadores; encontró la casa de los 7 enanitos, su cansancio la llevó a dormirse sobre todas las camitas.

El ambiente se llenó de colores al entrar los enanitos por las puertas traseras, se apoyaron en la última fila de butacas, regresaban del trabajo recorriendo los pasillos y rodeándonos hasta el escenario, cantando esa canción de hi-ho, hi-ho, hi-ho. Estaban todos, barbados, panzones, con los estornudos de Mocoso, el mal humor de Gruñón, Sabio, Mudito portando grandes orejas, faroles encendidos, sus gorros de colores, cinturones, botas, no faltando ni el mínimo detalle, contentos y convertidos en niños grandes. Los niños satisfechos de una tregua en la angustia del cuento.

Encuentran a la princesa y la preguntan, empleando nuestro pejín indiscutible: ¿Quién eres mozuca, estás bien?, ella se despereza, contando sus problemas, se unen y la advierten, ¡no debes abrir a nadie!

Pero se disfraza la madrastra de bruja, aparece en escena portando la maléfica, roja y natural manzana, que oímos crujir al ser mordida. Cae en la trampa y se desvanece envenenada; la bruja fea comienza a saltar de alegría, con gritos y risas espeluznantes, (creo que tuvo que ensayar mucho tiempo para conseguir esos sonidos), a tanto que algún niño se asustó y lloró.

Recogen a la víctima regia, en una perfecta base para la urna transparente, toda cubierta con largos faldones, suben a la princesa arriba, hasta la llegada del príncipe y su beso salvador. Perfecta esta escena, como todas, detallada, el piano suena contento y todo es alegría.

La madrastra ante la respuesta del espejo, viendo que su hijastra permanece viva y bella, le rompe y salen de él, confetis como si de cristalitos se trataran, sucumbiendo rabiosa.

Se celebra la boda y aparecen todos los personajes a escena, entre bravos y aplausos, salen de nuevo y aplauden ellos a todo el público allí presente.

Salimos con la sonrisa puesta, con el gusto por el teatro en su máxima expresión, satisfechos, divertidos. Se abre ante nosotros la nueva Plaza del cantón, en la voz de un padre, “con niños y padres, juegos y llena de vida”. Nos sentamos a disfrutar de un café en una de su terrazas, huele bien; al recoger el azucarillo, mi compañera ve una frase de “el rayo que no cesa” de Miguel Hernández, creemos salir de una de sus obras teatrales, “Los hijos de la piedra”, pues los enanitos también las rompían para conseguir los brillantes. Cada uno tiene un dibujo de autora diferente. Oportuno en el centenario del poeta, en un escenario al aire libre, de los años 30.

Los niños jugueteando, las casonas viejas, balconadas extensas, olor a manzanas asadas reinetas, calidez en el aire… De pronto aparece una de las actrices, la felicitamos y comenta que prepararán en enero otra obra, oímos encantadas esta noticia.

Si estos eran aficionados, ¿cómo serán los profesionales?

El mejor respaldo para la inauguración de “La Hora del Cuento”. Será el último viernes de cada mes, en la biblioteca, allí espera María a todos los niños y mayores.

¡Enhorabuena!


Ángeles Sánchez Gandarillas ©
San Vte. de la Barquera
dia 28 de octubre de 2010

2 comentarios:

Nieves dijo...

Es genial el relato de los acontecimientos de ayer.

Disfruté muchísimo con Blancanieves y los siete enanitos y como decirte que el café en la terraza, dulcificado con la memoria de Miguel Hernández fue el colofón a una gran tarde.

Tú lo hiciste posible, porque eres una compañía muy agradable y amena,la verdad es un placer disfrutar de tu conversación con o sin café.

Un abrazo,
Nieves

formacion dijo...

¡Mi mas sincera ENHORABUENA y FELICITACIÓN al AMPA del Colegio Cristo Rey!.
Por su tesón, esfuerzo, constancia y ante todo ser capaces de olvidarse de sí mismos, del lógico pudor de "actuar" sobre todo ante adultos, todo por AMOR a sus hijos, a los niños.
Detrás hay mucho esfuerzo y tiempo, muchas tardes de ensayos. Todos ellos con sus ocupaciones profesionales y por supuesto la más importante: SER PADRES Y MADRES. GRACIAS.
Desde Roma... Mª Teresa