
Es la mejor de las definiciones, que se pueden hacer de ti.
Sí, normalmente eres cálido y suave, también eres prudente, se podría decir que para evitar molestar tanto con tus prisas o con tus trabajos, te asemejas a la corriente de aire que se produce al abrir una puerta y ventana a la vez, que se establece como un soplido, que tiene un camino establecido, pero en los lados contrapuestos, no afecta para nada.
Podría definir tu forma de trabajo. Es una ventolera terrestre y rasa, apenas levantas polvo y estás concentrado sin más. Cuando te levantas en la mañana, siento tu relajación, parecido al vientecillo de sur, flojo y cansino. Tu forma de comer cuando masticas, es el ruido de las hojas que caen secas al suelo, apenas se oye, pero están.
En la ducha eres algo espectacular, cantas, te mueves, salpicas, sí, eres revoltoso y un poquitín escandaloso, quizás se te podría comparar a esos aires impregnados de algo de fina lluvia, que producen pequeños sonidos, entre las ramas de los árboles.
Cuando ríes, no te cuidas de hacerlo sonoramente, posando a veces tus manos en el interlocutor de turno, para que se acerque en ese momento de buen humor a ti, me recuerda a las brisas, que traen consigo briznas de hierba, para que vuelvas del ensimismamiento y tontura de ese momento.
¡Pero ojo! existe el temporal de tus enfados, son galernillas rápidas, que llevan tiempo de calor y presión, normalmente duran poco, pero, dejan restos y desperfectos a su paso, así queda constancia de tu paso o cabreo, así avisas que podrá suceder de nuevo, con lo que sería bueno evitarlo.
Las pocas veces que te he visto enfermo, es la sensación de humedad, calor, malestar, presión, que te ocasiona la fiebre, igual que ese tiempo de trubón, donde se te pega la ropa y hasta los pensamientos, donde el humor se vuelve ácido y arisco
Creo que cuando te precisamos y llegas para cuidarnos o incluso consolarnos, eres la frescura del nordeste en tiempo caluroso y produces con tus abrazos reconstituyentes, esa sensación de alivio que necesitamos.
Sí, eres el aire acondicionado en las reuniones, la persona que lleva las conversaciones, el trabajo, las horas a veces interminables, dejando esa impresión de bienestar que se necesita y que alivia.
Lo más difícil es verte en los momentos afligidos; puede compararse al viento de invierno, hululante, frío, triste, oscuro, que me produce temor y una gran pena, porque me es imposible consolarte, sólo sé que he de dejar pasar el tiempo y todo volverá a ser como siempre.
En definitiva, quiero pensar, que sin ti, poco nos quedaría que respirar y deseo que enseñes a otros, la forma de airear y llenar la vida los demás, ¡felicidades!
Angeles Sánchez Gandarillas ©
Julio 2009
Sí, normalmente eres cálido y suave, también eres prudente, se podría decir que para evitar molestar tanto con tus prisas o con tus trabajos, te asemejas a la corriente de aire que se produce al abrir una puerta y ventana a la vez, que se establece como un soplido, que tiene un camino establecido, pero en los lados contrapuestos, no afecta para nada.
Podría definir tu forma de trabajo. Es una ventolera terrestre y rasa, apenas levantas polvo y estás concentrado sin más. Cuando te levantas en la mañana, siento tu relajación, parecido al vientecillo de sur, flojo y cansino. Tu forma de comer cuando masticas, es el ruido de las hojas que caen secas al suelo, apenas se oye, pero están.
En la ducha eres algo espectacular, cantas, te mueves, salpicas, sí, eres revoltoso y un poquitín escandaloso, quizás se te podría comparar a esos aires impregnados de algo de fina lluvia, que producen pequeños sonidos, entre las ramas de los árboles.
Cuando ríes, no te cuidas de hacerlo sonoramente, posando a veces tus manos en el interlocutor de turno, para que se acerque en ese momento de buen humor a ti, me recuerda a las brisas, que traen consigo briznas de hierba, para que vuelvas del ensimismamiento y tontura de ese momento.
¡Pero ojo! existe el temporal de tus enfados, son galernillas rápidas, que llevan tiempo de calor y presión, normalmente duran poco, pero, dejan restos y desperfectos a su paso, así queda constancia de tu paso o cabreo, así avisas que podrá suceder de nuevo, con lo que sería bueno evitarlo.
Las pocas veces que te he visto enfermo, es la sensación de humedad, calor, malestar, presión, que te ocasiona la fiebre, igual que ese tiempo de trubón, donde se te pega la ropa y hasta los pensamientos, donde el humor se vuelve ácido y arisco
Creo que cuando te precisamos y llegas para cuidarnos o incluso consolarnos, eres la frescura del nordeste en tiempo caluroso y produces con tus abrazos reconstituyentes, esa sensación de alivio que necesitamos.
Sí, eres el aire acondicionado en las reuniones, la persona que lleva las conversaciones, el trabajo, las horas a veces interminables, dejando esa impresión de bienestar que se necesita y que alivia.
Lo más difícil es verte en los momentos afligidos; puede compararse al viento de invierno, hululante, frío, triste, oscuro, que me produce temor y una gran pena, porque me es imposible consolarte, sólo sé que he de dejar pasar el tiempo y todo volverá a ser como siempre.
En definitiva, quiero pensar, que sin ti, poco nos quedaría que respirar y deseo que enseñes a otros, la forma de airear y llenar la vida los demás, ¡felicidades!
Angeles Sánchez Gandarillas ©
Julio 2009
1 comentario:
Tu tambien eres aire. Aire susurrante que va dejando sus sentimientos engarzados en los papeles que llenas de letras, para que quienes te leemos te conozcamos también por denro.J.
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