viernes, 3 de julio de 2009

SOY MEDIOCRE


Soy mediocre, más bien tirando a menos. No ocupo lugar importante entre las principales de mi ciudad. Ni triste ni alegre, ni negra ni blanca. Ni larga ni corta, ni ancha ni estrecha No hay en mi un solo luminoso que brille con destellos especiales, como tampoco un punto oscuro que provoque aversión alguna. Soy neutra, ambigua, indeterminada. Pero soy yo, y soy como soy, y me estimo a mi misma, y valoro lo poco o mucho que valga porque esta es mi realidad, y no otra.

Tengo a mi favor el disfrutar del más reparador de los sueños por la tranquilidad de mis noches que jamás conocieron las aglomeraciones y frivolidades de los exitosos estrenos, ni el deambular borracho y vagabundo de una vida crápula y calavera. Duermo tranquila, tanto bajo los rayos plateados de una luna hermosa que provoca ensueños de dulce romanticismo, como bajo la lluvia torrencial de un invierno que parece interminable.

Me despierto con el alba y casi sin darme tiempo a desperezarme tomo contacto con las gentes que madrugan, los repartidores comerciales que van dejando su mercancía ante las puertas de negocios aún cerrados, los de la prensa diaria que amontonan periódicos y revistas al pié del kiosco. Los que dejan la cerveza, los zumos, el panadero, y el otro y el otro... Y no hay mañana que no añore los tiempos pasados cuando también venía la lechera con sus cántaras relucientes, como plata pulida midiendo litros, y medios, y hasta cuartos de casa en casa, y las mulas tirando del carro que sin necesidad de que el mulero hablara paraban infaliblemente delante de cada taberna para que el hombre cargara a sus espaldas aquellos pellejos de vino entrañables que tantas y tan fantasmagóricas ensoñaciones provocaron en la mente de Don Quijote. Y la mujer que vendía la arena blanca como la harina, con qué fregar las escaleras de madera, y la pescadora de faldas largas y triguera sobre el rueño de la cabeza que despertaba a los más dormilones pregonando a gritos la frescura de sus sardinas.

Pero Nisio y Lolo no fallan en su cotidiana y madrugadora visita. Ya los conozco de lejos, lo mismo que conozco el ruido de las ruedas de su carro de mano sobre los adoquines del suelo. Son los barrenderos del barrio, y siento hacia ellos un aprecio especial porque son pulcros en su trabajo, y me dejan satisfecha por la meticulosidad con la que recogen la más pequeña inmundicia.

Y luego me pongo tierna contemplando la estampa de niñas y niños que aún medio dormidos caminan encorvados bajo el peso de sus mochilas mientras les va despertando la masa gris de sus cerebros que luego ha de absorber las explicaciones impartidas en sus colegios.

Y conozco por su nombre a Luis, a Juan, a Tono y a Manolito, que son los dueños de los cuatro bares. Y a Matías el ferretero, a Mariano el boticario, Pili la de la tienda de golosinas, Julia y María que regentan cada una lo que ellas llaman una tienda de modas, y a Lolita, que tiene en el segundo del número diez una peluquería muy chic.

Todas las mañanas soy la primera en verlos abrir sus comercios. Conozco de memoria el ruido de cada persiana metálica y el chirriar de cada cerradura y cerrojo, y por las puertas entreabiertas y a través de los escaparates fisgo el pase de fregonas por los suelos, de rodillas por las mesas y de los plumeros por las estanterías. Cuando el último cubo de agua sucia se ha vaciado sobre la reja de la alcantarilla, ya tiene Fina, la kiosquera, toda la prensa diaria colocada en su sitio, y las revistas semanales en el lugar más visible. Fina se parece a mi, ni guapa ni fea, ni alta ni baja, ni gorda ni delgada. Pero ella es mucho más joven. Sólo tiene treinta años, y yo… ¡La tira! Fina disfruta lo indecible con las crónicas rosa y los escándalos de los famosos de sus revistas, mientras se escandaliza públicamente de los chismes de las parejas de sus convecinos. Dice Matías el ferretero que eso le sucede a ella porque tiene una falta enorme de hombre, porque jamás tuvo pretendiente alguno, y critica de los demás lo que para sí quisiera. Y aunque esto se lo calla, yo se muy bien que Matías el ferretero viene planeando desde hace algún tiempo buscar el momento propicio para sin previo aviso meterle mano y ver como responde.

Cada día, la primera que empieza a vender es Fina por aquello de que lo primero es informarse, pero de seguido la gente del barrio se mueve por los comercios y las comadres con las cestas de la compra en las manos confabulan en corrillos.

Coches que van y vienen, motos y alguna bicicleta. Luego, cuando Mariano cierra la botica, sé yo que el reloj señala la una, y una tras otra se cierran las puertas de todos los comercios, al tiempo que Luís, Juan, Tono y Manolito colocan sobre sus mostradores los vasos limpios como los chorros del oro porque llegó la hora de los blancos. De los colegios regresan los críos, y mientras todos comen y duermen la siesta, si llega el caso, yo descanso plácidamente dos o tres horas.

Son más agitadas las tardes, porque la gente empieza por salir a tomar el café, a comprar con más calma, y el bullicio, al que no he logrado acostumbrarme, le crea la chiquillería y sus juegos con gritos y correrías.

Los bancos se llenan de ancianos donde cada día se repiten unos a otros las historias de sus achaques, y cuando al caer la tarde vuelven a cerrarse los comercios, transitan las pandas de amigos que entran y salen por todos los bares catando riojas mientras discuten de futbol.

El anochecer me preocupa siempre, porque la falta de luz la aprovechan muchos para maltratarme de forma humillante. A plena luz no se atreven a escupirme, pero en la noche. Y temo los fines de semana cuando la juventud alterna, bebe, y canta… ¡Y hasta me mean…! ¡Gajes del oficio! Porque esto no ocurriría si yo fuera, por ejemplo, una gran avenida… Pero sólo soy una calle, una calle mediocre, más bien tirando a menos…

Jesús González González ©
Julio 2009

6 comentarios:

Anonymous dijo...

La luz que irradian tus letras..iluminan los senderos que trazan tu pluma. felicidades

V.

Anonymous dijo...

JESÚS, ERES GRANDE. Me ha divertido la vida de tu calle,puedes conseguir sentimientos de cualquier cosa.Lines

Anonymous dijo...

Pintas y escribes... Jesús, eres un fenómeno!!!

Camino

Ana dijo...

Querido Jesús, eres bueno pintando y escribiendo. Y en la belleza de tu arte, muestras la belleza de tu persona.

Ana

flor dijo...

Jesús creo que nunca dejaras de sorprendernos,despues de esto que vas a hacer para cuando retomemos las clases en octubre,con tus escritos aprendemos cada día un poco mas,besitos.

flor dijo...

Jesús creo que nunca dejaras de sorprendernos,despues de esto que vas a hacer para cuando retomemos las clases en octubre,con tus escritos aprendemos cada día un poco mas,besitos.