viernes, 2 de noviembre de 2012

DESCAFEINADO.




            Eso si, un buen descafeinado. ¡Pero descafeinado!  Así fue el encuentro del día quince en nuestro Taller de Escritura. Reiniciábamos nuestra andadura después de las vacaciones veraniegas, y nos falló lo mejor: La cafeína que estimula, que marca pautas Nos falló, bien a su pesar, Foncho que es el alma que mueve el Talle. Pero ya se sabe, “el hombre propone, y Dios dispone”.

            Faltó mucha más gente. Faltaron Blanca, que anda de baños. María, que trabaja en la ciudad,  Sussy que embellece cabezas, Laura que nos cambió por una pandereta, y según me informaron después, de la pandereta hizo un pandero y también lo abandonó; Dolo, que es un dolor que nos dejara, Kenia que debe cuidar  a sus cuatro pequeños herederos, y Ángela que… se esfumó.

            Pero llegó Maxi. Y además, he visto asomada a la ventana de “Susurros”  la firma de Agustín Laguna. ¿Es que también se apunta al carro de nuestro Taller?

            Oye, que Maxi se presentó en toda regla. Con nombre, apellidos, procedencia, y si le apuramos un poco, hasta muestra el carné de jubilado. Y nos deleitó con un escrito rebosante de originalidad, y de exactas medidas. Si lo bueno cuando es breve, parece dos veces bueno, Maxí acertó. ¡Bienvenido Máximo a esta tu nueva familia!

            Leímos y nos aplaudimos los unos a los otros como auténticos triunfadores. Comentamos, charlamos, y nos reímos. Pero faltaban los que faltaban, y eso siempre se nota. Por eso resultó descafeinada la reunión; si ellos hubieran estado, el   resultado habría sido como decía la vieja de Carmona, “café negru, netu, ¡y bien netu!, que es como gústame a mí”.

                                                        Jesús González ©

1 comentario:

lns Ángeles Sánchez Gandarillas dijo...

¡Ay, qué razón tienes Jesús!, somos grupo.
Doy la bienvenida a los recién llegados, además, se te ha concedido ese deseo que tenías, más varones...
Abrazo, puro café.
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