Eso
si, un buen descafeinado. ¡Pero descafeinado!
Así fue el encuentro del día quince en nuestro Taller de Escritura.
Reiniciábamos nuestra andadura después de las vacaciones veraniegas, y nos
falló lo mejor: La cafeína que estimula, que marca pautas Nos falló, bien a su
pesar, Foncho que es el alma que mueve el Talle. Pero ya se sabe, “el hombre
propone, y Dios dispone”.
Faltó
mucha más gente. Faltaron Blanca, que anda de baños. María, que trabaja en la
ciudad, Sussy que embellece cabezas,
Laura que nos cambió por una pandereta, y según me informaron después, de la
pandereta hizo un pandero y también lo abandonó; Dolo, que es un dolor que nos
dejara, Kenia que debe cuidar a sus
cuatro pequeños herederos, y Ángela que… se esfumó.
Pero
llegó Maxi. Y además, he visto asomada a la ventana de “Susurros” la firma de Agustín Laguna. ¿Es que también
se apunta al carro de nuestro Taller?
Oye,
que Maxi se presentó en toda regla. Con nombre, apellidos, procedencia, y si le
apuramos un poco, hasta muestra el carné de jubilado. Y nos deleitó con un
escrito rebosante de originalidad, y de exactas medidas. Si lo bueno cuando es
breve, parece dos veces bueno, Maxí acertó. ¡Bienvenido Máximo a esta tu nueva
familia!
Leímos
y nos aplaudimos los unos a los otros como auténticos triunfadores. Comentamos,
charlamos, y nos reímos. Pero faltaban los que faltaban, y eso siempre se nota.
Por eso resultó descafeinada la reunión; si ellos hubieran estado, el resultado habría sido como decía la vieja de
Carmona, “café negru, netu, ¡y bien netu!, que es como gústame a mí”.
Jesús González ©

1 comentario:
¡Ay, qué razón tienes Jesús!, somos grupo.
Doy la bienvenida a los recién llegados, además, se te ha concedido ese deseo que tenías, más varones...
Abrazo, puro café.
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