sábado, 13 de octubre de 2012

TACONES


Vio los zapatos en el escaparate. Sabía que sus tacones eran demasiado altos para ella.

Aún así, entró a la zapatería.

La dependienta, muy amable, la enseñó varios pares. Pero, seguían gustándole aquellos de piel de cocodrilo, los de los once centímetros de tacón.

Se los probó de nuevo. La chica le explicó que le resultarían cómodos, tenían en la puntera y planta, un tejido almohadillado para que los pies no sufrieran.

Se lo pensó un momento.

Decidió que los compraría.

Y los compró.

Eran preciosos.

De princesa, o de hada. Eso no lo sabía ni le importaba.

Además, el tacón era ancho y la fiesta del viernes estaba al lado de su casa.

Se miró al espejo de cuerpo entero. Se sintió bella, alta, esbelta.

Mojó sus labios en una tenue sombra carmesí e impregno sus ojos con un delicado color y pintitas brillantes.

Salió de casa triunfante.

Comenzaron celebrando el día con una ceremonia religiosa. En el templo, a punto estuvo de meter, más de una vez, el pie en las tumbas de madera que adornaban el suelo; si alguna de ellas se hubiera hundido habría sido una caída histórica, de las de fantasía.

Sonreía ante ese pensamiento.

La reunión y ágape se celebró en los alrededores del edificio religioso. Allí estaban los del grupo. Hacía tiempo que no se veían. Se acercó. Ella sabía que hoy tenía un atractivo especial.

Notó que la miraba de arriba abajo. Se ruborizó hasta las raíces del pelo. Quiso decir que no mirara así.

La dijo que estaba preciosa. Ella lo sabía.

Que la notaba muy esbelta, pero claro, hacía mucho que no se veían. Ella también lo sabía.

Sabía también que tenía un tanto de voluptuosidad y que estaba un poco más seductora...

El dolor en el pie izquierdo se acentuaba. Se disculpó y se sentó. Cruzó las piernas como había ensayado toda la vida. Lo había copiado de la escena de una película de Marilyn Monroe.

Ella sabía que la seguía con la mirada.

Se acercó y le dijo lo estilizado de sus piernas. ¡Ella ya lo sabía!

Hablaron largo rato. Y fumó con la misma sensualidad de Marilyn, aquel cigarrillo largo de papel marrón. Sentía su mirada insistente. Ella sonreía con cierta picardía.

Algo que también sabía es que subiría a casa en cuanto se dieran la vuelta, en la mínima oportunidad. Le dolía hasta el cuello, es más, le dolía hasta el final de los once centímetros de los tacones.

Cuando regresó, las miradas se perdían en el infinito. Ella lo sabía, sabía que eso iba a pasar.

Al cambiarse los zapatos el halo de Marilyn desaparecería; bajarse de aquellos tacones menguaba muchas cosas.

No importaba. Ahora estaba cómoda. Habían sonado las doce del medio día y sus zapatos de tacón estaban recogidos y también su halo de la Monroe.

Eso también lo sabía.

Pero consiguió ponerlos y había “merecido la alegría”.

Por la tarde limpió los zapatos, los guardó y soñó con la próxima fiesta...


Ángeles Sánchez Gandarillas ©
12-X-2012

4 comentarios:

lns Ángeles Sánchez Gandarillas dijo...

Para el hada que cercana a las nubes hace maravillas, y que con tacones, fue el hechizo de la MOnroe a la vista...
Abrazo. lines

nreigadasn dijo...

Lines, genial como siempre.
Pero he decididido que para la próxima fiesta iré sin zapatos.
Menudo pedestal, prefiro estar a ras del suelo.
Gracias,me he reído un montón.

Anónimo dijo...

Hoy casi vuelvo a llorar con alguno de tus maravillosos escritos pero, aunque te parezca mentira, ha sido por el dolor de pies que me has trasmitido con tu escrito titulado tacones. Me haces sentir como si fuera el personaje del texto.Instintivamente me he dado cuenta de que me había quitado las zapatillas que llevaba. Me da miedo mirarme los pies por si tengo rozaduras. Besos y no detengas tu escritura nunca.

lns Ángeles Sánchez Gandarillas dijo...

¡Madre mía, qué comentario!
¿Te animarías a inscribirte en el Taller de Escritura?
Conseguiste ponerme el vello de punta...
Además, demuestras una gran sensibilidad para introdcirte de esa manera en la lectura un texto.
Gracias..., más gracias y agradecida hasta el infinito y más allá.
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