Mi
mano izquierda, me reprocha cada día que
no escriba con ella, está enfadada conmigo hace muchos años, pero ahora se ha
puesto terca y no deja de darme la lata.
Después
de tanto tiempo tiene celos de la derecha y me cuestiona porqué no la uso. Lo cierto es que tiene razón y aunque
lo he intentado muchas veces no hay manera de que las letras fluyan correctas
al escribir.
Así
que con toda mi paciencia, me he sentado y la he puesto en mi regazo para
explicarla el motivo por el cual no la puedo utilizar para eso.
¿Sabes una cosa? Yo
nací zurda, pero nadie se dio cuenta hasta que empecé al colegio, pues cogía
el lápiz de manera diferente a otros niños, y en aquel tiempo eso estaba muy mal visto, incluso se decía
que eran señales demoniacas y había que corregirlas.
Además
para quitarme el hábito de usarte, me amarraban la mano a la espalda y aunque yo no entendía el porqué, al final
consiguieron que aprendiera a escribir con la derecha.
Muchas
lagrimas derramé, creo que fue muy injusto; solo tenía cuatro años, y también a
mis padres les convencieron que era lo
mejor para mí.
Como
ves, no fue un capricho mío dejarte sin
usar, si no una imposición de aquellos que me enseñaron, pero a los cuales les
recriminaría, si pudiera, lo que me hicieron.
¿Ahora
puedes comprender un poco mejor, porqué no soy capaz de escribir contigo?
Sabes
que te utilizo para casi todo y muchas veces me enfado por no poder hacer más
cosas juntas, y por ese motivo al final os tengo que usar a las dos y siento
que me faltan las fuerzas para hacer todo lo que quiero.
Además,
tus reproches me han hecho ponerme a buscar
información de los efectos que pudiera haberme ocasionado el que me corrigieran mi manera de utilizarte, y tengo que decirte
que me he quedado sorprendida y a la vez he comprendido algunas carencias que
he ido notando con el paso de los años.
Ahora
concibo muchas cosas y porque me cuesta tanto entender a veces
algunas explicaciones.
Según
estudios médicos realizados, nunca se
debe forzar a un niño a cambiar de mano, se nace, zurdo o diestro y si esto se
altera puede ocasionar daños al cerebro.
¿Me
vas entendiendo?
Ahora
eso ya no lo podemos cambiar, y debemos juntas seguir investigando, porque
estoy segura que mi capacidad intelectual, podía haber sido mejor.
¿No
te has fijado cuanto me cuesta memorizar las cosas y lo que me ocurre?
Tengo
que esforzarme mucho y aún así, mis
lagunas son frecuentes, creo que a mi
cerebro llega la información, pero una vez allí, se descoloca y no sigue el
ritmo que debiera.
Como
ves a mí tampoco me hace ninguna gracia dejarte arrinconada cuando me pongo a
escribir, espero que ahora lo entiendas, y no me sigas presionando, porque este
trauma lo compartiremos juntas toda la vida y así, si tú me ayudas, yo me
sentiré mejor.
Gracias
por secarme mis lágrimas, no quería llorar, tampoco me atrevía a contártelo,
pero ahora me siento mejor, me he desahogado, puede que a quien se lo diga me tache de loca o paranoica, pero me
da igual, porque estoy convencida que si me hubieran dejado ser zurda, mi vida
podría haber sido muy diferente y esa es una cosa que jamás me la quitare de mi
cabeza.
Flor Martínez Salces ©
Octubre, 2012

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