miércoles, 16 de mayo de 2012

DESGASTE.

Estaba sentados uno frente a otro y a la vista de la analítica, el reumatólogo le comentó que estaba todo bien. - Lo único es que tiene algo bajos los niveles de hematíes.

-Lo sé, doctor, pero, me encuentro muy cansado.

-Bueno hombre, ya sabe que lleva setenta años con esa enfermedad y tiene mucho desgaste; es como si tuviera usted..., deje que calcule, unos noventa y cinco años.

-Ya, ya, eso será. ¿Podría hacerle una pregunta?

El médico le miró por encima de sus gafas para leer y contestó. – Por supuesto Vellido.

-Verá, ¿el alma también se gasta?

El galeno le miro de hito en hito, soltó el bolígrafo y se recostó sobre el sillón. Abrió la boca pero, no pudo articular palabra; se quitó las gafas y dejó que sus nerviosas manos se juntaran bajo la mesa. Tan juntos estaban los dedos que parecían una trenza de carne; eran el fiel reflejo de su mente rebuscando una respuesta para aquel anciano que lo miraba temeroso de la respuesta. El médico tembló al ver que el hombre de ojos claros y preocupados, retomaba la palabra.

-Es que, cada vez me cuesta más seguir enamorado de mi mujer...

Ángeles Sánchez Gandarillas ©
15-V-2012

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