Son cosas que pasan desapercibidas a pesar de que las vemos o incluso comentamos de ellas.
Una de mis preferidas es cuando las personas que están en la playa, ven cubrirse el cielo con nubes de tormenta y parece que una orden, no oída, les levanta a todos de sus toallas y más rápido que deprisa, niños y mayores emprenden una huida casi con desesperación hacía sus coches o a sus casas. Incluso a medida que las nubes caprichosas de verano dejan caer alguna gota de agua, se oyen pequeños gritos y algunas risas nerviosas.
¿Pero que pasa, desde cuándo el agua hace daño? Pensaba que estábamos en verano y además te estás mojando en sudor, bañando en la playa o duchándote con agua friísima a la salida, ¡por Dios!, que huida irrefrenable, todos cubriéndose con las toallas y saliendo despavoridos, por una lluvia refrescante, complaciente, templada y lenta, que de pararnos veríamos lo bondadosa que es y lo bien que sienta, que nos permitiría volver a nuestros tiempos de infancia donde mojarse era un placer infinito.
Conste que he sido uno de estos incautos, aunque casi llegando a casa, le comenté a la amiga que me acompañaba, entre carcajadas, "yo creo que estamos siendo victimas de una especie de histeria colectiva e insensata", más que nada porque acababa de salir de nadar, jajajaja.
Otra cosilla es, cuando se habla en un grupo de gente, sobre determinado menú que seria apetecible, por ejemplo, hum, ropa vieja, que dicen que se compone de, patatas fritas, a la vez cocinadas con pimiento verde y cebolla en trocitos y la sal, a esto se le añaden uno o dos huevos y chorizo fritos, todo junto calentito, oloroso, con buen aceite de oliva virgen, si puede ser de primero, un poquito del famoso vino tinto y por supuesto, español.
Se nos pone a todos una cara de limón exprimido, salivando como perritos falderos, apretando sin querer las manos y con la intención de llegar a nuestras casas, preparar el delicioso manjar y saborear en nuestros recuerdos y en el ahora mismo, esos saborcillos indiscutibles, sencillos y desde luego bastante pesados en digestión, porque tiene la pega de que comes en exceso, pero no importa, “muera Marta muera jarta”, uno de los dichos de mi "güela".
Al otro día, retomamos aquella conversación y resultó que un noventa por ciento se comió aquella pitanza, digamos que el apetito o gula tiene poder de convicción.
Y en los noticiarios, ¿habéis reparado que son noticias cíclicas?, sin querer molestar al periodismo de este país, se pueden enumerar las siguientes. Las mordidas de perro, los sube y baja de la bolsa, los ataques de género, los robos a mano armada, las pruebas preuniversitarias, los comienzos de las clases, las vacaciones, etc.
Ocurre que son objeto de corresponsalía sobre todo cuando el deporte del fútbol tiene su fin, o quizás el acabose de las sesiones de las Cortes, o están muchos de los periodistas disfrutando de sus merecidos descansos. Parece cruel, pero sólo es necesario fijarse y saldrá enseguida a flote. Lo más espectacular es la repetición de todas las noticias, en todos y cada uno de los centros de crónicas, se diferencian poco o nada, ni siquiera el sentido apoyo seudo político de cada una de ellas.
La ventaja de todo esto, es posible sacar conclusiones independientes de las noticias.
También es harto curioso, la forma de responder ante una cámara de televisión de la gente corriente. Se parece bastante, a pesar del tiempo transcurrido, a las primeras tomas de cine en los años que se inventó. Las escenas de entonces, debido a la precariedad de las cintas y la maquinaria, se tornaban en escenas como a trompicones y con cierta brusquedad. Pero hoy, cuando los protagonistas de cualquier evento, están rodeados por personas poco o nada habituadas a ser grabadas, ahora que la máquinas y cintas son equilibradas y perfeccionadas en extremo, estas gentes, entre las que yo podría encontrarme, se mueven incesantemente, sobre todo si notan que los cámaras dirigen sus visores hacia ellos, otros agachan sus cabezas o las giran, posiblemente por timidez, pero igualmente se agitan nerviosamente, sí, me sorprendió.
Otro día seguiré investigando cosillas simples, que por ello, por ser tan simples, ni las notamos, hasta entonces Uve, un curioso abrazo intangible.
Ángeles Sánchez Gandarillas ©
San Vte. de la Barquera
20 de julio de 2009
Una de mis preferidas es cuando las personas que están en la playa, ven cubrirse el cielo con nubes de tormenta y parece que una orden, no oída, les levanta a todos de sus toallas y más rápido que deprisa, niños y mayores emprenden una huida casi con desesperación hacía sus coches o a sus casas. Incluso a medida que las nubes caprichosas de verano dejan caer alguna gota de agua, se oyen pequeños gritos y algunas risas nerviosas.
¿Pero que pasa, desde cuándo el agua hace daño? Pensaba que estábamos en verano y además te estás mojando en sudor, bañando en la playa o duchándote con agua friísima a la salida, ¡por Dios!, que huida irrefrenable, todos cubriéndose con las toallas y saliendo despavoridos, por una lluvia refrescante, complaciente, templada y lenta, que de pararnos veríamos lo bondadosa que es y lo bien que sienta, que nos permitiría volver a nuestros tiempos de infancia donde mojarse era un placer infinito.
Conste que he sido uno de estos incautos, aunque casi llegando a casa, le comenté a la amiga que me acompañaba, entre carcajadas, "yo creo que estamos siendo victimas de una especie de histeria colectiva e insensata", más que nada porque acababa de salir de nadar, jajajaja.
Otra cosilla es, cuando se habla en un grupo de gente, sobre determinado menú que seria apetecible, por ejemplo, hum, ropa vieja, que dicen que se compone de, patatas fritas, a la vez cocinadas con pimiento verde y cebolla en trocitos y la sal, a esto se le añaden uno o dos huevos y chorizo fritos, todo junto calentito, oloroso, con buen aceite de oliva virgen, si puede ser de primero, un poquito del famoso vino tinto y por supuesto, español.
Se nos pone a todos una cara de limón exprimido, salivando como perritos falderos, apretando sin querer las manos y con la intención de llegar a nuestras casas, preparar el delicioso manjar y saborear en nuestros recuerdos y en el ahora mismo, esos saborcillos indiscutibles, sencillos y desde luego bastante pesados en digestión, porque tiene la pega de que comes en exceso, pero no importa, “muera Marta muera jarta”, uno de los dichos de mi "güela".
Al otro día, retomamos aquella conversación y resultó que un noventa por ciento se comió aquella pitanza, digamos que el apetito o gula tiene poder de convicción.
Y en los noticiarios, ¿habéis reparado que son noticias cíclicas?, sin querer molestar al periodismo de este país, se pueden enumerar las siguientes. Las mordidas de perro, los sube y baja de la bolsa, los ataques de género, los robos a mano armada, las pruebas preuniversitarias, los comienzos de las clases, las vacaciones, etc.
Ocurre que son objeto de corresponsalía sobre todo cuando el deporte del fútbol tiene su fin, o quizás el acabose de las sesiones de las Cortes, o están muchos de los periodistas disfrutando de sus merecidos descansos. Parece cruel, pero sólo es necesario fijarse y saldrá enseguida a flote. Lo más espectacular es la repetición de todas las noticias, en todos y cada uno de los centros de crónicas, se diferencian poco o nada, ni siquiera el sentido apoyo seudo político de cada una de ellas.
La ventaja de todo esto, es posible sacar conclusiones independientes de las noticias.
También es harto curioso, la forma de responder ante una cámara de televisión de la gente corriente. Se parece bastante, a pesar del tiempo transcurrido, a las primeras tomas de cine en los años que se inventó. Las escenas de entonces, debido a la precariedad de las cintas y la maquinaria, se tornaban en escenas como a trompicones y con cierta brusquedad. Pero hoy, cuando los protagonistas de cualquier evento, están rodeados por personas poco o nada habituadas a ser grabadas, ahora que la máquinas y cintas son equilibradas y perfeccionadas en extremo, estas gentes, entre las que yo podría encontrarme, se mueven incesantemente, sobre todo si notan que los cámaras dirigen sus visores hacia ellos, otros agachan sus cabezas o las giran, posiblemente por timidez, pero igualmente se agitan nerviosamente, sí, me sorprendió.
Otro día seguiré investigando cosillas simples, que por ello, por ser tan simples, ni las notamos, hasta entonces Uve, un curioso abrazo intangible.
Ángeles Sánchez Gandarillas ©
San Vte. de la Barquera
20 de julio de 2009
1 comentario:
Lines, o tienes más archivos que la gestapo sobre los judios, o te levantas por la noche soñando y te pones a escribir.trabajas como nadie, te envidio, J.
Publicar un comentario