Buenos días V…
Ayer ha sido para mí increíble, de esos días en que sientes que los dientes no te caben en la boca y sólo tienes una opción que es: "sonreír", ¿Y por qué no?, puedes estar bien y además sonreír. Siempre he pensado que estéticamente estoy mejor seria, hasta tal punto que todos piensan, que soy una persona hasta aburrida, jajaja.
Desde hace unos años, cuando me he rozado con esa disciplina llamada yoga, se proclamaba que la risa y sonrisa, eras nuestras mejores formas de llevar el día a día y a pesar de mis tonterías estéticas, es bastante cierto, consigo mejores resultados.
En esta jornada, no sólo era yo la que distendía mis labios, el sol también se animó un poquito, con ligera brisa de nordeste, quedando así la temperatura ideal y para aumentarlo todo, había ambiente musical en la playa, música folk, con nombres conocidos y especializados en sonidos celtas.
Por la tarde en la plaza, casi rodeada de sus árboles llamados plátanos ornamentales, se estaba promocionando entre los chiquillos, una forma de juego digamos natural, sin botones, ni pilas, ni electricidad, tan sólo aparatos en su mayoría de madera, desde unas mesas movibles, pasando unos sorprendentes artilugios, simples pero efectivos en el entretenimiento.
Qué curioso era observar todo aquello, lleno de pequeñas criaturas, expectantes, curiosas, aguardando que les tocara jugar, con ojos redondos y brillantes, los más inquietos saltando de juego a juego, nerviosos, mirándolo todo, pero no pudiendo enredar, porque se lo impedía el constante mover de su cuerpecillo, de un lado a otro.
Pero lo más interesante fue, distinguir entre los abuelos y padres, la misma curiosidad y anhelo por jugar y probar todos aquellos trastos. En el intento de ayudar o enseñar a los peques, se veía las ganas de investigar en sus ojos, igualmente ansiosos por experimentar, era una disculpa buenísima tener allí a los niños, yo sentía que quizás si estuviera allí con algún sobrino, es posible que osara meterme hasta las caderas en aquellos entretenimientos infantiles.
Era digno de ver, que no se organizaban disputas, a pesar de la impaciencia de los críos, cómo les llamaba la atención, a pesar de no tener ruidos y lucecitas de colores, simplemente eran de madera. Quizás nos deba dar que pensar.
En la noche bajé un ratito, con la esperanza de oír desde el parque de las palmeras, los sonidos del ambiente musical, que estaba en el aparcamiento playero. Pero antes pasé a ver y charlar con alguien, tenía esa necesidad y desde luego, los más apropiados eran parte de la familia o en su caso, la coincidencia con algún amigo, más que nada porque saben como soy, despliego entonces mi lengua y es cuando empiezo a ser peligrosa.
Coincidí con mi sobrino, que tanto como yo se nos puede definir en estos tiempos, como un poquitín rarillos, de eso comentamos por encima. Con este muchacho reflexivo y observador, cualquier tema que toquemos, puede alargarse y crecer.
Éramos dos personas aislados en ese momento de casi todo el mundo, tocamos por encima la economía y la famosa crisis, recuerdo que nos asustábamos de los seguidores o fans, de artistas, deportistas, políticos, de la facilidad con que nos convencen y vencen los medios de comunicación, ambos llegamos a casi acuerdo en este tema, se quiere no pensar y por tanto, dejamos que otros piensen lo que necesitamos, lo que tenemos que decir, a quienes debemos defender, lo que se ha de comprar, en fin, pero estábamos pecando a sabiendas, sí, algo que está hasta mal visto, “pensar”.
Al final, creímos que éramos nosotros los equivocados, pues dejarse llevar, proporciona una libertad, olvidamos nuestros asuntos del todo, implicándonos en vidas ajenas. Es una forma más de salir adelante y desde luego, es válida, todos creemos estar en el camino acertado, ¿o no?
Hacía tiempo que no noctambulaba, fuera del entorno de mi hogar, un buen rato de conversación y de algunas risas, me gusta finiquitar así el día vivido, pero siento un olvido, nos faltó el “besucu” de despedida, será en otra ocasión.
Dejaré para otro momento, un trocito de esta jornada, por cierto sorprendente, fue casi como volver en el tiempo, cincuenta años atrás en juegos y bohemios.
Bien V, hoy me ha costado ponerme a escribir, pero es debido a que tenía muchas cosas que decir, fíjate que incluso tomé notas, estaré pendiente como siempre, del resultado de estas líneas, porque hoy estoy menos contenta con ellas. Un abrazo de los de lejos.
Angeles Sánchez Gandarilla ©
En San Vicente de la Barquera
a 11 de Julio de 2009
Ayer ha sido para mí increíble, de esos días en que sientes que los dientes no te caben en la boca y sólo tienes una opción que es: "sonreír", ¿Y por qué no?, puedes estar bien y además sonreír. Siempre he pensado que estéticamente estoy mejor seria, hasta tal punto que todos piensan, que soy una persona hasta aburrida, jajaja.
Desde hace unos años, cuando me he rozado con esa disciplina llamada yoga, se proclamaba que la risa y sonrisa, eras nuestras mejores formas de llevar el día a día y a pesar de mis tonterías estéticas, es bastante cierto, consigo mejores resultados.
En esta jornada, no sólo era yo la que distendía mis labios, el sol también se animó un poquito, con ligera brisa de nordeste, quedando así la temperatura ideal y para aumentarlo todo, había ambiente musical en la playa, música folk, con nombres conocidos y especializados en sonidos celtas.
Por la tarde en la plaza, casi rodeada de sus árboles llamados plátanos ornamentales, se estaba promocionando entre los chiquillos, una forma de juego digamos natural, sin botones, ni pilas, ni electricidad, tan sólo aparatos en su mayoría de madera, desde unas mesas movibles, pasando unos sorprendentes artilugios, simples pero efectivos en el entretenimiento.
Qué curioso era observar todo aquello, lleno de pequeñas criaturas, expectantes, curiosas, aguardando que les tocara jugar, con ojos redondos y brillantes, los más inquietos saltando de juego a juego, nerviosos, mirándolo todo, pero no pudiendo enredar, porque se lo impedía el constante mover de su cuerpecillo, de un lado a otro.
Pero lo más interesante fue, distinguir entre los abuelos y padres, la misma curiosidad y anhelo por jugar y probar todos aquellos trastos. En el intento de ayudar o enseñar a los peques, se veía las ganas de investigar en sus ojos, igualmente ansiosos por experimentar, era una disculpa buenísima tener allí a los niños, yo sentía que quizás si estuviera allí con algún sobrino, es posible que osara meterme hasta las caderas en aquellos entretenimientos infantiles.
Era digno de ver, que no se organizaban disputas, a pesar de la impaciencia de los críos, cómo les llamaba la atención, a pesar de no tener ruidos y lucecitas de colores, simplemente eran de madera. Quizás nos deba dar que pensar.
En la noche bajé un ratito, con la esperanza de oír desde el parque de las palmeras, los sonidos del ambiente musical, que estaba en el aparcamiento playero. Pero antes pasé a ver y charlar con alguien, tenía esa necesidad y desde luego, los más apropiados eran parte de la familia o en su caso, la coincidencia con algún amigo, más que nada porque saben como soy, despliego entonces mi lengua y es cuando empiezo a ser peligrosa.
Coincidí con mi sobrino, que tanto como yo se nos puede definir en estos tiempos, como un poquitín rarillos, de eso comentamos por encima. Con este muchacho reflexivo y observador, cualquier tema que toquemos, puede alargarse y crecer.
Éramos dos personas aislados en ese momento de casi todo el mundo, tocamos por encima la economía y la famosa crisis, recuerdo que nos asustábamos de los seguidores o fans, de artistas, deportistas, políticos, de la facilidad con que nos convencen y vencen los medios de comunicación, ambos llegamos a casi acuerdo en este tema, se quiere no pensar y por tanto, dejamos que otros piensen lo que necesitamos, lo que tenemos que decir, a quienes debemos defender, lo que se ha de comprar, en fin, pero estábamos pecando a sabiendas, sí, algo que está hasta mal visto, “pensar”.
Al final, creímos que éramos nosotros los equivocados, pues dejarse llevar, proporciona una libertad, olvidamos nuestros asuntos del todo, implicándonos en vidas ajenas. Es una forma más de salir adelante y desde luego, es válida, todos creemos estar en el camino acertado, ¿o no?
Hacía tiempo que no noctambulaba, fuera del entorno de mi hogar, un buen rato de conversación y de algunas risas, me gusta finiquitar así el día vivido, pero siento un olvido, nos faltó el “besucu” de despedida, será en otra ocasión.
Dejaré para otro momento, un trocito de esta jornada, por cierto sorprendente, fue casi como volver en el tiempo, cincuenta años atrás en juegos y bohemios.
Bien V, hoy me ha costado ponerme a escribir, pero es debido a que tenía muchas cosas que decir, fíjate que incluso tomé notas, estaré pendiente como siempre, del resultado de estas líneas, porque hoy estoy menos contenta con ellas. Un abrazo de los de lejos.
Angeles Sánchez Gandarilla ©
En San Vicente de la Barquera
a 11 de Julio de 2009
1 comentario:
Angeles,
es tan fácil sonreir ante tus letras.¡¡
UN ABRAZO SINCERO.
V
Publicar un comentario