Pues bien, señor/ra V, tengo ganas aún de relatar lo vivido en la tarde. Lo primero que divisé, fue un grupo de música, en su mayoría de viento seis y dos de percusión, se me antojaron sorprendentes, trajeados, con instrumentos de color cobre bruñidos y limpios, trompeta, tuba, clarinete, saxofón, oboe, corno, caja o tambor, sobre el que se apoyaba un platillo pequeño y con aspecto paupérrimo, el otro instrumento de percusión, era una especie de bombo pequeño, alargado, con una abolladura en el centro y en la parte metálica, donde se tensa la piel, que es golpeada, los palillos o baquetas, llevaba igualmente encima un mini platillo.
Obtenían una agradable música; lo más llamativo era su vestimenta; podría ser un grupo encubierto de mafiosos de los años 60, salidos de una película en Chicago, sus trajes al uso de entonces, con camisas un poco amplias, corbata un poquillo grande y sus sombreros dando sombra a la cara y protegiendo sus facciones, como la banda “La Cosa Nostra”, o quizás el tipo de sombrero llamado ”boccaccio”, que Sinatra se encargaba de pasear en su cabeza habitualmente.
En un momento dado, mi cabeza me llevó rápidamente, a aquellos años de la posguerra, donde se veían de cuando en vez, músicos o grupos de ellos, que llegaban casi que andando, con aspecto abandonado y bohemio, con necesidad de alimento, jabón y hogar. Al igual que algunos de estos, portaban largas melenas, barbas más o menos abundantes y caídos de hombros. Y de mi cabeza siguieron soltando resortes y ahora me trasladó a la novela de "las cenizas de Ángela”, que al igual que nuestra historia de lucha fratricida, se desarrollaba en la misma miseria.
En ese momento decidí tomar apuntes, lo mismo que para hacer los bocetos de futuros dibujos o pinturas; me trasladé como una exhalación, hasta la librería que tenía frente a mí, alguien me paró en mi rápido traslado diciéndome: "Lines, ¿dónde vas riéndote sola?", "¡Dios me pillaron con las manos en la masa!", contesté pronta y con la mayor naturalidad, que incluso me sorprendió a mí misma, "pues voy a por un bloc en blanco, tamaño cuartilla y sin anillas, porque esto que estoy viendo, es digno de conservar y tomaré unos apuntes, hala, ahí queda eso", ella no se inmutó y yo seguí el ritmo que llevaba.
Está claro que me oyó pero no me escucho, la ventaja de que estaba distraída, fue buena sobre todo para mí, porque de ser en otra ocasión, estoy segura que no hubiera dado explicaciones. Bien, tan pronto saqué el cuaderno de la librería, comencé a tomar datos.
Lo que más llamo mi atención, fue el señor que tocaba el bombo abollado y a pesar de ello con buena sonoridad, era pequeño en estatura y podría tener unos 55 años, barbado y pelo largo, moreno y poco cano, delgado, pero dentro de la fragilidad que daba a ver, era el que mejor vivía la música, sí, era el único que casi saltaba al ritmo y con ritmo, se movía como un saltimbanqui o títere, estaba constantemente sonriendo, con el sombrero hacia atrás y sus ojos brillando como auténticas centellas, se le escapaba la alegría por todos sus poros, era increíble como disfrutaba, y yo mirándole también.
Todos ellos eran una perfecta conjunción armoniosa, con una melodía agradable y pegadiza, que aún pareciendo que no tenían disciplina, lo que allí sonaba estaba claro, que tenía montones de horas de ensayos, algo inesperado, agradable, ameno, con brillos, sonidos casi mediterráneos, trajes, sombreros, corbatas, instrumentos y todo acompañado de una tarde magnifica, donde los pocos que coincidimos en la plaza, estando casi frente a la ría, fuimos acariciados por el suave nordeste de la tarde y recogimos bienestar para un buen rato.
Al parecer eran franceses y el grupo se llamaba, "Les Enfant" eran parte del espectáculo de la noche en la playa, por supuesto, esta vez no me importó nada, que aquel grupo galo, nos conquistara de nuevo, doscientos y pico años después de Napoleón Bonaparte.
Este verano, si sigue así, va a merecer la pena quedarse aquí y quizás no tenga que trasladarme, como nos ocurrió el año pasado, hasta otras localidades en busca de espectáculos culturales o entretenimientos varios, ojalá.
De momento dejaré estas páginas, para saber si ha llegado a mi alma, el alimento de este día y prepararme para seguir absorbiendo futuras experiencias. Quizás V, sean de tu gusto y puedas disfrutar tal como lo hago yo. Un abrazo musical.
Ángeles Sánchez Gandarillas ©
En San Vte. de la Barquera
11 de julio de 2009
Obtenían una agradable música; lo más llamativo era su vestimenta; podría ser un grupo encubierto de mafiosos de los años 60, salidos de una película en Chicago, sus trajes al uso de entonces, con camisas un poco amplias, corbata un poquillo grande y sus sombreros dando sombra a la cara y protegiendo sus facciones, como la banda “La Cosa Nostra”, o quizás el tipo de sombrero llamado ”boccaccio”, que Sinatra se encargaba de pasear en su cabeza habitualmente.
En un momento dado, mi cabeza me llevó rápidamente, a aquellos años de la posguerra, donde se veían de cuando en vez, músicos o grupos de ellos, que llegaban casi que andando, con aspecto abandonado y bohemio, con necesidad de alimento, jabón y hogar. Al igual que algunos de estos, portaban largas melenas, barbas más o menos abundantes y caídos de hombros. Y de mi cabeza siguieron soltando resortes y ahora me trasladó a la novela de "las cenizas de Ángela”, que al igual que nuestra historia de lucha fratricida, se desarrollaba en la misma miseria.
En ese momento decidí tomar apuntes, lo mismo que para hacer los bocetos de futuros dibujos o pinturas; me trasladé como una exhalación, hasta la librería que tenía frente a mí, alguien me paró en mi rápido traslado diciéndome: "Lines, ¿dónde vas riéndote sola?", "¡Dios me pillaron con las manos en la masa!", contesté pronta y con la mayor naturalidad, que incluso me sorprendió a mí misma, "pues voy a por un bloc en blanco, tamaño cuartilla y sin anillas, porque esto que estoy viendo, es digno de conservar y tomaré unos apuntes, hala, ahí queda eso", ella no se inmutó y yo seguí el ritmo que llevaba.
Está claro que me oyó pero no me escucho, la ventaja de que estaba distraída, fue buena sobre todo para mí, porque de ser en otra ocasión, estoy segura que no hubiera dado explicaciones. Bien, tan pronto saqué el cuaderno de la librería, comencé a tomar datos.
Lo que más llamo mi atención, fue el señor que tocaba el bombo abollado y a pesar de ello con buena sonoridad, era pequeño en estatura y podría tener unos 55 años, barbado y pelo largo, moreno y poco cano, delgado, pero dentro de la fragilidad que daba a ver, era el que mejor vivía la música, sí, era el único que casi saltaba al ritmo y con ritmo, se movía como un saltimbanqui o títere, estaba constantemente sonriendo, con el sombrero hacia atrás y sus ojos brillando como auténticas centellas, se le escapaba la alegría por todos sus poros, era increíble como disfrutaba, y yo mirándole también.
Todos ellos eran una perfecta conjunción armoniosa, con una melodía agradable y pegadiza, que aún pareciendo que no tenían disciplina, lo que allí sonaba estaba claro, que tenía montones de horas de ensayos, algo inesperado, agradable, ameno, con brillos, sonidos casi mediterráneos, trajes, sombreros, corbatas, instrumentos y todo acompañado de una tarde magnifica, donde los pocos que coincidimos en la plaza, estando casi frente a la ría, fuimos acariciados por el suave nordeste de la tarde y recogimos bienestar para un buen rato.
Al parecer eran franceses y el grupo se llamaba, "Les Enfant" eran parte del espectáculo de la noche en la playa, por supuesto, esta vez no me importó nada, que aquel grupo galo, nos conquistara de nuevo, doscientos y pico años después de Napoleón Bonaparte.
Este verano, si sigue así, va a merecer la pena quedarse aquí y quizás no tenga que trasladarme, como nos ocurrió el año pasado, hasta otras localidades en busca de espectáculos culturales o entretenimientos varios, ojalá.
De momento dejaré estas páginas, para saber si ha llegado a mi alma, el alimento de este día y prepararme para seguir absorbiendo futuras experiencias. Quizás V, sean de tu gusto y puedas disfrutar tal como lo hago yo. Un abrazo musical.
Ángeles Sánchez Gandarillas ©
En San Vte. de la Barquera
11 de julio de 2009
2 comentarios:
Yo tambien admire a estos artistas y tambien me recordaron viejas historias,me alegro que que estes disfrutando del verano,besitos.
Angeles
gratamente disfruto de lo que acontece en tu diario vivir, siempre dándole ese toque que hace que se viva de una manera especial cada escrito
un abrazo
V
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