Silenciosa entre cuartillas y el cielo
y apartada de la musa en el tiempo,
de un poema rescatando algún versos
con la métrica, de estrofas o efectos,
sinalefas, con hiatos y en sextetos.
Y al poquito el trabajo va saliendo,
La historia rodeando aquellos fuegos
contábase en las casas, en silencio,
existiendo esta ciencia, la del cuento.
Puede ser que allí naciera ese miedo
o esa risa imaginada en los muertos,
-tal vez fuera otro sitio, no recuerdo -.
Nacieron la ternura y los afectos,
brotaron palpitando y eran ciegos,
con mil rosas mojándonos del cielo,
se amaron en promesas y en apegos.
Retomaron olvidando o partieron
pétalos que hoy entre folios olfateo.
Fue morada esa casa del abuelo;
las cenas, romerías y en los juegos,
o en castigos que creímos ser presos,
la protesta a papás y con los ruegos,
¿un perdón si jamás vuelvo a hacerlo?
¿me indultas si deprisa me arrepiento?
Las fábulas de niños muy pequeños,
o en novelas de estéticos mancebos,
con la obra de ese grande, que es Quevedo,
poemas del cupido muy certero,
con versos becquerianos, lastimeros
divagando en hogares y braseros.
Fantasía en los críos y los viejos
de ansiosos climaterios, hasta hambrientos,
arrugada desazón o los mosqueos
de miradas que atisban los proyectos,
o las crisis de maduros y ensueños,
de añoranza solazada, otros tiempos.
De pronto nos apremian nuevos sueños
lanzando con arrojo los recelos,
y eludir sabiamente muchos miedos,
en nirvanas, relajado, en sosiego,
del presente y los ojos muy abiertos
retomar, disfrutar los sentimientos.
Esa magia, del encanto hoy repleto,
ordenado, evocando y removiendo,
transitando en el pasado, el espejo
deshojando felices los recuerdos;
Nuestra mente es la magia y es el cuento,
las cortinas, cristalino entre velos,
de orejas, dos portones siempre abiertos,
la balconada, esos dientes tan níveos.
La nariz humeando, el vaho surgiendo,
la mirada, el cristal en centelleos.
El cerebro inventor de mil enredos
en lo hondo de la dermis conmoviendo.
Y mejor que la casa será el cuerpo,
es una magia encantada, es el tiento
de fantasmas, corajes y lamentos,
ya serenas en congojas o ensueños.
Es el fiel del amor, eran los juegos,
la pasión, la risa y hasta los celos,
las fobias, voluntades y deseos,
demostrada incluso fe entre sus credos.
¿Es la casa encantada un pensamiento?
El corazón ¿de la magia es invento?
Ángeles Sánchez Gandarillas ©
Febrero 2011
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