
Sí, es una ventaja ante la persona amada. Siempre procurará sentarse a su izquierda, donde podrá acariciar la mano tiernamente, girando lentamente ese anillo que adorna el dedo o, pasar suavemente su índice entre las pulseras y hacer un delicado roce bajo la muñeca, esa zona tan sensible y delicada; podría tocar el hombro derecho del ser querido, quizá apartar ese cabello que aventurero vuela sobre la cara de la pareja.
Mientras podrá seguir alimentándose o leyendo, o quizá dando forma a sus palabras con algún gesto suave y adormecedor.
Sí ser zurdo es el no va más del amor porque, hará de esos gestos enternecedores correspondencia inmediata, acariciará igualmente su mano y entrelazará los dedos hasta el limite de su delicado nacimiento, la opción de mirarse ante la presión más insignificante y posiblemente surja un imperceptible guiño cómplice.
Ser zurdo en el amor promueve mimos que a los diestros les son menos realizables en estas ocasiones.
Ángeles Sánchez Gandarillas ©
8 de enero de 2011
Mientras podrá seguir alimentándose o leyendo, o quizá dando forma a sus palabras con algún gesto suave y adormecedor.
Sí ser zurdo es el no va más del amor porque, hará de esos gestos enternecedores correspondencia inmediata, acariciará igualmente su mano y entrelazará los dedos hasta el limite de su delicado nacimiento, la opción de mirarse ante la presión más insignificante y posiblemente surja un imperceptible guiño cómplice.
Ser zurdo en el amor promueve mimos que a los diestros les son menos realizables en estas ocasiones.
Ángeles Sánchez Gandarillas ©
8 de enero de 2011
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