domingo, 16 de enero de 2011

AMIGO, GRACIAS POR TU MEMORIA.


Hola y gracias por cederme ese recuerdo.

Después de ver esos grandes rasgos respecto a mi vida; veo que fue una temporada como la de muchos adolescentes, seguir adelante era la meta, sobrevivir también, sacar partido a los inconvenientes y tratar de no morir en el intento. Esas pruebas (supongo), me ayudarían a ser fuerte a pesar de tener gran parte en el olvido.

Quizá esas u otras me enseñaron a asumir las contrariedades y procurarme una sonrisa aún al aire, sin importar que fuera o no recibida por alguien, simplemente para uno mismo y reforzar.

¡Recordar, recordar!, un afán que ya solamente me inquieta a ratos.

Aprendí en esa búsqueda de los recuerdos, que no siempre se acuerda uno de todo, que muchas de las vivencias fueron inocuas, algunas agradables y otras molestas, en definitiva nuestra mente selecciona cada día las que cree válidas por medio del sueño, (según parece), una selección de enseñanza o lo que el cerebro crea merezca la pena almacenar.

Por lo que veo, o he dormido mucho o algo he aprendido, pues mantengo la necesidad de positivar este lento caminar existencial. Es posible se sumaran los inconvenientes, pruebas o momentos gratos; ello hace pensar en que el día a día es larguísimo, en él se protesta de las cosillas que nos contrarían, olvidando el tiempo restante, ese al que no damos importancia.

Pues bien, este resto de la jornada diaria es la parte buena, al ser agradable, habitual e incluso monótona, ni valoramos.

Desde luego que hay momentos más complicados; ahí es donde hemos de buscar los cinco minutos favorables y que nos sean satisfactorios, serán los que aporten beneficios en la calidad de vida. El sorbo de café mañanero en tranquilidad o cuando el dolor deja de molestar por tres minutos en una determinada posición, ese instante implica subir la moral, hemos de memorizar la postura y volver a retomarla otro ratito u otro día; quizás una visita inesperada o un mensaje nos pueda valer, es innecesario que sea diario, siempre llega cuando más lo necesitas, a pesar de todos los pesares.

Hay épocas en que se juntan enfermedades, accidentes e incluso muertes.

La muerte. ¡Eso sí es difícil de veras!, asimilar la falta de vida, esa que se escapa de los nuestros, esa que huye despavorida sin freno y además lo hace arrollando la salud, destapando el sufrimiento de ellos o el propio, desarmando la perspectiva de normalidad, cuando apenas puedes resollar; es más, aunque la vida desaparezca sin avisar es cruel. ¡Dioses, qué sufrimiento!

Ahí es donde se ha de buscar el minuto, la espera de la mejoría o del sueño tranquilo, donde esa ayuda y la compañía en contados instantes, sirve para revivir, para aportar el momento de esperanza.

Reconozco haber pasado por momentos muy complicados, que casi abandoné la lucha o el placer de vivir, que el cansancio se apoderó hasta del cariño hacia los míos; pero eso amigo mío, me sirvió como choque para proseguir.

Indispensable la amistad en todo este periplo, un cayado dando ánimos y fuerza en el transito vital, donde eludes por un instante los problemas e incluso los expones, es además el momento esperado para cambiar el pensamiento, el minuto agradable, la sonrisa, el tacto de una mano amiga, un abrazo intenso o a lo mejor, la visión en frío de lo que tú crees un “problemón” y en el que apenas veías claro el sendero, siendo esa opinión un atajo o acicate para reemprender con un halo de frescura la jornada, a sabiendas del reencuentro con las angustias, nuevamente batallando a pesar del temor atenazador del futuro complicado, de las extensas temporadas al cuidado de seres queridos, donde una leve sonrisa aunaba los espíritus.

Sí, quizá se trate de asimilar hasta el duelo una vez partieron para siempre los que más querías, y es que todo tiene su tiempo y espacio.

En un momento dado también tocará ser el apoyo para asentar el cuerpo y el alma de los amigos o, seguir de lejos el camino emprendido por los hijos, adaptarse definitivamente a la pareja, sabiendo en conciencia que jamás encontrarás a nadie y conocer hasta en sus mínimas costumbres, respetándolas, porque es lo quieres en igual modo hacia si mismo, sentirse pleno y a gusto, hacer lo que cautiva, vivirlo; a lo mejor un paseo en la atardecida o en la mañana, observar que cada momento es único, aunque llueva o la tempestad de una mar escalofríe, saber con un respiro de descanso que los barcos y sus tripulantes están en buen puerto, entonces admiras el porqué del agua que limpia y riega, la belleza de la mar tempestuosa, de las olas inmensas, poderosas, únicas.

Esos paseos u otras observaciones, llevan a ver lo vivido, cualquier flor o piedra indica su función en la naturaleza. Nosotros la tenemos igualmente, un proceso o cometido en la vorágine existencial.

Parece idealismo o utopía, tampoco importa demasiado, simplemente lleva a ver las cosas al punto más positivo posible, al lugar más conveniente, sin perder de vista que la vida, nuestra vida, tiene de todo, pero... también bueno.

He comprobado que las personas salen adelante tanto en esta forma como en otras, con más o menos educación, siendo negativo o positivo, bueno, malo, enfermo o sano, ni que decir tiene que incluso en los limites de la pobreza y el hambre o en la riqueza más absoluta, quizá nos enseñe que todos y todo tiene cabida, acertado o no, todos salimos adelante y tiene su razón de ser, ocupamos un lugar y un momento, el mundo donde estamos otorga un servicio para el resto de la sociedad, reconocer que incluso los accidentes, delincuencias asesinas o las malditas guerras puedan tener su sentido, cruentas y provocadas por ambiciones indeseables.

Bueno amigo, gracias por recordarme algo del pasado, veo normalidad incluso en eventos contrariados, una vida como todas, una vida de verdad. Está claro que la perfección no existe; casi, casi, la tenemos, así que puede ser este el camino, superarse cada día, aprender de todos y hasta arrugar la nariz; inclusive ese mohín puede resultar gracioso a alguien que tengamos cerca.

Un abrazo en el presente por si entonces dejé de hacerlo.


Ángeles Sánchez Gandarillas ©
15 de enero de 2011

1 comentario:

Anónimo dijo...

Un canto a la libertad y a la vida . Dolo