martes, 8 de marzo de 2011

UNA VENTAJA


Creyó que el corazón se le escapaba del pecho. Tras conseguir articular las primeras palabras, sin parar, no como una declaración pues la respuesta era clara, aunque siempre queda ese atisbo de esperanza. Después de quedar por teléfono, eligió un paseo al aire libre transitado por paseantes, le evitaría llorar deshecho en desconsuelo.

Comenzó a hablar pero ella se quedó atrás al encontrarse con unos amigos, él no se percató y siguió hablando solo, cuando al volver la cara descubrió el rostro de un desconocido que coincidió a pasar por allí en ese justo momento, ya había empezado a decir todo lo que albergaba su alma a un extraño –imaginó la cara del personaje que oyó algo así como: “verás, me he enamorado de ti”, sonrió ante esa expectativa-, la esperó; se acercaba casi corriendo y reanudó con la misma fuerza del principio la conversación, después de preguntarla hasta donde había oído.

Quedó el vacío inundando su mente y el pecho cuando concluyó, quiso reflexionar -cuando se ha de reflexionar antes-. Su vida era y siguió siendo un despropósito de oportunidades a destiempo.

Lo peor fue cuando quiso convencerle de que simplemente era una equivocación, que confundía amistad con amor. Eso le escarneció hasta lo más hondo, sabía lo que era la amistad, aunque desconociera el amor hasta entonces. Sabía bien que estaba enamorado. Nadie podría convencerle de otra cosa. Nadie. Sabía perfectamente lo que sentía.

Era diferente de todo lo vivido hasta entonces, era el amor de su vida, el amor con letras mayúsculas, el amor perfecto puesto que no sería compartido, el amor que se iría a buscar el aislamiento de su presencia, lejos, lejos…

Siguió hablando con un tono de voz que desconocía en ella, profundo y serio: -Se te pasará, ya lo verás. Estaré a tu lado, seguiremos siendo amigos como hasta ahora, estás confundiéndote, solamente me quieres en una gran amistad.

Se sintió apenado al escuchar esa opción. No sabía nada de nada, no entendía ni quería entender. Intuía que ella estaba al corriente de que habría de desaparecer y tampoco quería perderle como amigo.

Interiormente él se dijo: ¡Por Dios, juntos no se consigue olvidar, daña hasta el infinito, hay que alejarse, dejarlo todo atrás!

Y así iba a suceder. Eso sería así.

No podía saber todo lo que consiguió cambiar en él, desde su aspecto exterior hasta su forma de pensar, evitando la timidez, acentuando una valentía antes escondida en un rincón, amparándose en una prudencia y control increíble. Dios, era inimaginable la vuelta de rosca que había dado. Se reía interiormente de aquellos que dijeron conocerle; ni él mismo hubiera imaginado semejante atrevimiento, semejante osadía, semejante desenvoltura.

Ella propuso tomar un café, sentía frío.

Claro que sentía frío, lo inesperado de semejante declaración escalofrió su cuerpo, palideció su cara y dejó sus ojos colgados de un hilo, evitando constantemente mirarle a los ojos.

Tampoco él pretendía mirar los suyos, traicionaría el llanto y las lágrimas hubieran salido a borbotones.

La mujer dijo algo referente al cariño mientras lo tomaba del brazo, él ya no recordaba el qué peros sí lo que contestó; no sigas o tendré que abrazarte. Calló en el acto. Siguieron caminando en silencio, un silencio cortante de miradas perdidas.

Hay una ventaja en toda esta situación, una sola. La valentía de soltarlo, por su bien en primer lugar, por el de ambos y así limpiar una relación atormentada y contaminada, esa verdad que salió de sus labios ayudará a mantener en un lejano futuro, la posibilidad de retomar la amistad, es posible que siga estando ahí.

Apenas le dolía el corazón en el pecho, se le había caído al suelo y desangrado, era pisoteado por los peatones, quedó abrasado. Al día siguiente regresaría a por él, sabía perfectamente donde cayó.

El día anterior fue a tomar fuerzas a la Atalaya, frente a la barra, soportando el frío intenso del viento incesante, se había abrigado poco ex profeso, una forma de espabilar la cabeza y despejar cuanto más. Su mirador sanador y relajante.

Es posible que esta noche ella no pueda dormir a causa de esta declaración por sorpresa, es posible. Lamentó haberla intranquilizado.

Parece una pesadilla a falta de un despertar que haría desaparecer un mal sueño, pero es realidad. Fue el sueño que amaneció en pesadilla. ¿Cómo se despertará?


Ángeles Sánchez Gandarillas ©
7-III-2011

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sombras, pregunto: ¿en que puerta habrás de tocar esta noche oscura? Pero las sombras sólo murmuran, entre ellas y bien bajito, mi locura.
Un beso amiga
muxisisisimu

Anónimo dijo...

Será esa locura que seca la boca con el agua de las lágrimas, será quizá ese rumor del silencio en el sollozo, será el alma que pesa tanto como una montaña, será entonces la angustia que ahoga el espíritu desde el aire de los pulmones, o será el corazón seco ya, ahíto y colgado del pecho moviéndose por inercia, es posible que sea el insomnio de su recuerdo, será en cualquier tiempo, de nuevo el cielo cuando vea al ser amado, aunque las sombras pugnen por empujar la puerta, esa que se cerró de golpe,esa que rompió todo lo que llevaba en las manos, y llevaba el summum. El amor. Y se le llenaron de locura, como bien dices y sabes.Lns