
Me disponía a dar el paseo cotidiano en dirección a la bocana del puerto. El sol en su ocaso, dejaba paso a un cielo plagado de estrellas, la luna en creciente o segundo cuarto, extendiendo su redondeada sonrisa en la naciente oscuridad, daba a la atardecida un aspecto simpático. Me llevaba constantemente a mirarla, además lucía desde casi el mediodía. Es la mejor manera de emprender cada día, con el optimismo selenita que contagia la propia vida.
Al poco de cruzar por el paso de cebra, amplié mi sonrisa al ver en el comienzo de un pasaje bajo un edificio, a mi amiga Gala.
-Hola gala ¿Qué tal estás?
-Bien, ¿A dónde caminas?
-Voy a pasear ¿y tú?
-Pues un amigo me ha casi liado para ver a una representante de un nuevo producto, me temo que será a base de desembolsar dinero. He dado en pensar que se trata de una especie de “pirámide”. Lo curioso es que me ha dicho que es para que me entretenga-.
La veo sonreír tímidamente; apenas deja entrever sus sentimientos, aún siendo positivos.
-Acompáñame anda, tomaremos un café entretanto.
Esperamos en la cafetería a la persona en cuestión, previa cita telefónica, según decía Gala, no nos dio por ponernos una rosa o algo que nos distinguiera. De nuevo un imperceptible sonrisita, sus ojos dejaban ver la ironía ahora que se había quitado esas gafas de montura metálica fina, oscuras, estilo aviador de los años 70; me encantan, tengo unas parecidas, es otra de las muchas coincidencias que tenemos, incluido el año de nacimiento.
Vimos aparecer una señora y mi intuitiva amiga se dirigió a ella por su nombre. La mujer respondió afirmativamente. Al observar que éramos dos, hizo una mueca de desagrado. Dio las buenas tardes con las presentaciones y pronto, las primeras palabras de vendedora.
Antes de nada hizo un recorrido por diversas circunstancias personales un tanto contrariados, además de traer un ordenador que según dijo –anda un poco estropeado-, supongo no afirmo que, sería una forma de caldear el ambiente, así podría entrar a saco con la venta del producto panacea.
Observaba a ambas, me sentía como en un sueño, la verborrea de la vendedora era de tal calibre que casi llevado al desvarío. Incluso creí advertir un cartelito sobre su pecho, lleno de lucecitas y unas letras intermitentes diciendo:”soy la vendedora número uno de Cantabria”.
Cuando pudimos le hicimos unas preguntillas que la incomodaron un poco, pero enseguida sacó provecho, era dúctil y lo lograba hasta de los propios errores. Habló, habló y habló, hasta extasiar. -Este producto es bueno, tan solo hay que tomarlo de continuo y vale comparativamente poco, para las ventajas que produce. En ocasiones beneficia de inmediato, pero ha de tomarse siempre, siempre. –Alucinábamos por momentos.
-Sirve para evitar el ansia, para mantener la juventud, la esbeltez, mantiene las células del envejecimiento controladas, equilibra enfermedades crónicas, preventivo, es natural y no contiene conservantes.
A medida que comentaba todo esto, yo calculaba su peso y estaba por encima de lo normal, su edad a no ser que tuviera 100 años, estaba claramente definida, sus arrugas eran evidentes, las canas perfectamente teñidas, en fin, me pareció que aquello que vendía no lo tomaba ella o no hacía el efecto publicitado. Sin embargo su aspecto irradiaba seguridad y la estética de su vestimenta estaba muy lograda, elegante pero moderna, ¡hummm!
-Podéis verlo en Internet en la lista de los medicamentos benéficos de América del norte, las xantonas son muy valoradas, igualmente en ese portal donde se comparten videos, el reportaje de una señora que curó una enfermedad poli cancerígena. Exponiendo que todo sucedió tras ingerir este milagroso y natural, producto lleno de la cantidad impensable de “xantonas” a rebosar de antioxidantes.
-Gala la dijo: –A mi eso de vender o comprar en pirámide no me va nada.
-¡Por favor, esto no es un pirámide!, es una relación comercial en forma -por decirlo de alguna manera-, alargada, no existe ninguna cabeza de mando, ningún pico elevado, nada de eso. -Eso lo dijo con cierta solemnidad ofendida. Nos remitió acto seguido a ver todo lo referido por Internet, nos cedió una pila de panfletos y un CD traducido por un mejicano.
-Os pondrá al día de todos los beneficios, remató con lo siguiente:
-Estáis informadas, vosotras elegís si queréis mejorar o no. -Nos sonó a amenaza tácita, ¡por Dios!
Nos miramos interrogativamente, nuestras dudas sobre la veracidad de todo ese andarivel, crecía a medida que ella seguía hablando, se contradecía y de vez en cuando me miraba inquisitivamente; no sé si porque mis preguntan la soliviantaban o quizá le sorprendía la sensación de que mis ojos cambiaban de color, por otro lado normal, los tengo de diferente coloración. Ahora sonrío al recordarlo.
Sonó la hora de la despedida de la señora anuncio; las tres con cierta desgana, quedamos en volver vernos –supimos las tres en el acto que no sería así- y salimos con la misma o más convicción de la que entramos: no comprar, no doler la cabeza, controlarnos en la risa educadamente, ser realistas.
Respetamos las convicciones de los demás, eso ante todo, pero cuando media el esfuerzo sin seguridad de compensación de salud o monetaria, todo llevado casi personalmente, bajo cuerda, llegado de países de nombre rimbombante y avalado por otros supuestamente superiores (Ja.), ambos tan lejanos y fuera del alcance de la gente de a pie, eso produce aún más alarma. Imaginé estar ante un ilustrado charlatán de los años 60.
Seguimos el abortado paseo en solitario, ahora juntas y conversando de este inaudito lunes. La caminata me gustó, era nuevo eso de ir ya de noche acompañada, distraída de mis pensamientos, observando el empañamiento de las cristaleras de metacrilato de las barandillas del puerto deportivo, dándoles al relente de oeste y añadida la “pelona” (rosada), que estaba cayendo. La bruma seguía en el aire, a pesar de que la marejada había cedido en su fuerza, esta humedad salitrosa deja todo pesado y casi mojado, del pelo al suelo. Disfruté de la dulce y permanente sonrisa de Gala, la conversación que siempre me aporta conocimientos. También comentó que últimamente le resultaban tediosos los paseos por el pueblecito.
-Las vacas ya saben mi nombre y yo, el de ellas de tanto vernos. Sé cada dibujo en su cuero, las crías que nacieron este año, la raza de todas ellas.
Me mira y aprecio la humareda de su cigarrillo emboquillado, esa envoltura humeante produce un halo romántico, ese que muestra habitualmente exteriormente. Nos despedimos.
-Gracias por tu compañía, Lines.
-Pero si soy yo quien ha ganado con ella.
Una tarde que deparó como cada día, unas cuantas sorpresas, tantas como minutos tiene la jornada completa. Una de ellas nos tocaba el corazón, la pesadumbre de la ausencia por siempre. Fue la conversación luctuosa en la que coincidimos al unísono, nada más encontrarno.
Ángeles Sánchez Gandarillas ©
7-II-2011
Al poco de cruzar por el paso de cebra, amplié mi sonrisa al ver en el comienzo de un pasaje bajo un edificio, a mi amiga Gala.
-Hola gala ¿Qué tal estás?
-Bien, ¿A dónde caminas?
-Voy a pasear ¿y tú?
-Pues un amigo me ha casi liado para ver a una representante de un nuevo producto, me temo que será a base de desembolsar dinero. He dado en pensar que se trata de una especie de “pirámide”. Lo curioso es que me ha dicho que es para que me entretenga-.
La veo sonreír tímidamente; apenas deja entrever sus sentimientos, aún siendo positivos.
-Acompáñame anda, tomaremos un café entretanto.
Esperamos en la cafetería a la persona en cuestión, previa cita telefónica, según decía Gala, no nos dio por ponernos una rosa o algo que nos distinguiera. De nuevo un imperceptible sonrisita, sus ojos dejaban ver la ironía ahora que se había quitado esas gafas de montura metálica fina, oscuras, estilo aviador de los años 70; me encantan, tengo unas parecidas, es otra de las muchas coincidencias que tenemos, incluido el año de nacimiento.
Vimos aparecer una señora y mi intuitiva amiga se dirigió a ella por su nombre. La mujer respondió afirmativamente. Al observar que éramos dos, hizo una mueca de desagrado. Dio las buenas tardes con las presentaciones y pronto, las primeras palabras de vendedora.
Antes de nada hizo un recorrido por diversas circunstancias personales un tanto contrariados, además de traer un ordenador que según dijo –anda un poco estropeado-, supongo no afirmo que, sería una forma de caldear el ambiente, así podría entrar a saco con la venta del producto panacea.
Observaba a ambas, me sentía como en un sueño, la verborrea de la vendedora era de tal calibre que casi llevado al desvarío. Incluso creí advertir un cartelito sobre su pecho, lleno de lucecitas y unas letras intermitentes diciendo:”soy la vendedora número uno de Cantabria”.
Cuando pudimos le hicimos unas preguntillas que la incomodaron un poco, pero enseguida sacó provecho, era dúctil y lo lograba hasta de los propios errores. Habló, habló y habló, hasta extasiar. -Este producto es bueno, tan solo hay que tomarlo de continuo y vale comparativamente poco, para las ventajas que produce. En ocasiones beneficia de inmediato, pero ha de tomarse siempre, siempre. –Alucinábamos por momentos.
-Sirve para evitar el ansia, para mantener la juventud, la esbeltez, mantiene las células del envejecimiento controladas, equilibra enfermedades crónicas, preventivo, es natural y no contiene conservantes.
A medida que comentaba todo esto, yo calculaba su peso y estaba por encima de lo normal, su edad a no ser que tuviera 100 años, estaba claramente definida, sus arrugas eran evidentes, las canas perfectamente teñidas, en fin, me pareció que aquello que vendía no lo tomaba ella o no hacía el efecto publicitado. Sin embargo su aspecto irradiaba seguridad y la estética de su vestimenta estaba muy lograda, elegante pero moderna, ¡hummm!
-Podéis verlo en Internet en la lista de los medicamentos benéficos de América del norte, las xantonas son muy valoradas, igualmente en ese portal donde se comparten videos, el reportaje de una señora que curó una enfermedad poli cancerígena. Exponiendo que todo sucedió tras ingerir este milagroso y natural, producto lleno de la cantidad impensable de “xantonas” a rebosar de antioxidantes.
-Gala la dijo: –A mi eso de vender o comprar en pirámide no me va nada.
-¡Por favor, esto no es un pirámide!, es una relación comercial en forma -por decirlo de alguna manera-, alargada, no existe ninguna cabeza de mando, ningún pico elevado, nada de eso. -Eso lo dijo con cierta solemnidad ofendida. Nos remitió acto seguido a ver todo lo referido por Internet, nos cedió una pila de panfletos y un CD traducido por un mejicano.
-Os pondrá al día de todos los beneficios, remató con lo siguiente:
-Estáis informadas, vosotras elegís si queréis mejorar o no. -Nos sonó a amenaza tácita, ¡por Dios!
Nos miramos interrogativamente, nuestras dudas sobre la veracidad de todo ese andarivel, crecía a medida que ella seguía hablando, se contradecía y de vez en cuando me miraba inquisitivamente; no sé si porque mis preguntan la soliviantaban o quizá le sorprendía la sensación de que mis ojos cambiaban de color, por otro lado normal, los tengo de diferente coloración. Ahora sonrío al recordarlo.
Sonó la hora de la despedida de la señora anuncio; las tres con cierta desgana, quedamos en volver vernos –supimos las tres en el acto que no sería así- y salimos con la misma o más convicción de la que entramos: no comprar, no doler la cabeza, controlarnos en la risa educadamente, ser realistas.
Respetamos las convicciones de los demás, eso ante todo, pero cuando media el esfuerzo sin seguridad de compensación de salud o monetaria, todo llevado casi personalmente, bajo cuerda, llegado de países de nombre rimbombante y avalado por otros supuestamente superiores (Ja.), ambos tan lejanos y fuera del alcance de la gente de a pie, eso produce aún más alarma. Imaginé estar ante un ilustrado charlatán de los años 60.
Seguimos el abortado paseo en solitario, ahora juntas y conversando de este inaudito lunes. La caminata me gustó, era nuevo eso de ir ya de noche acompañada, distraída de mis pensamientos, observando el empañamiento de las cristaleras de metacrilato de las barandillas del puerto deportivo, dándoles al relente de oeste y añadida la “pelona” (rosada), que estaba cayendo. La bruma seguía en el aire, a pesar de que la marejada había cedido en su fuerza, esta humedad salitrosa deja todo pesado y casi mojado, del pelo al suelo. Disfruté de la dulce y permanente sonrisa de Gala, la conversación que siempre me aporta conocimientos. También comentó que últimamente le resultaban tediosos los paseos por el pueblecito.
-Las vacas ya saben mi nombre y yo, el de ellas de tanto vernos. Sé cada dibujo en su cuero, las crías que nacieron este año, la raza de todas ellas.
Me mira y aprecio la humareda de su cigarrillo emboquillado, esa envoltura humeante produce un halo romántico, ese que muestra habitualmente exteriormente. Nos despedimos.
-Gracias por tu compañía, Lines.
-Pero si soy yo quien ha ganado con ella.
Una tarde que deparó como cada día, unas cuantas sorpresas, tantas como minutos tiene la jornada completa. Una de ellas nos tocaba el corazón, la pesadumbre de la ausencia por siempre. Fue la conversación luctuosa en la que coincidimos al unísono, nada más encontrarno.
Ángeles Sánchez Gandarillas ©
7-II-2011
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