
La última revista de “El Semanal” habla de otro pintor impresionista, (el pintor de las bailarinas) como se le conoce.
Nació en París. Hilaire Germán Edgar Degas. 1834 – 1917.m. Hijo de familia aristócrata y famosos banqueros con negocios en Italia, Francia y América. Su padre desde pequeño le dejó tener su estudio para practicar en su afición favorita. Cuando se matriculó en Derecho ya era un gran dibujante, y dejó la carrera para frecuentar irregularmente la Escuela de Bellas Artes. Pero su auténtica formación se basó en visitar asiduamente el Museo del Louvre y los viajes que realizó a Italia, Nápoles y Roma, pero sobretodo a Florencia donde vivía una hermana de su padre casada con un barón, por el cual conoció a Ingres.
Coincide con Manet en el Louvre, pues los dos se dedicaban a copiar cuadros clásicos. Con él se va a las tertulias y se hace famoso por su misoginia y mordacidad. –decía: “¿Por qué no me he casado?. Siempre he temido que mi mujer pudiese mirar uno de mis cuadros y dijera con un precioso mohín: ¡Hum…, qué bonito!”
Su corazón se mantuvo siempre fiel al arte, sin compartir estilos ni escuelas. Detestaba la naturaleza, le gustaba la vida urbana, los bulevares, los teatros y los cafés concierto. Sus modelos no posan para él, son descubiertas en su estado natural y anímico. Inventó una forma nueva de mirar. “la mirada del Voyeur”. Espió alas mujeres en todas las profesiones de la época; planchadoras, costureras, cantantes y empleadas de burdeles. Las pintó en los más privado y recóndito. Toma apuntes y es cuando lo plasma en el lienzo juntando imaginación y memoria.
En 1860 si hace una excepción pintando al aire libre temas de carreras de caballo. En el cuadro “En las carreras” como casi siempre instantáneas fotográficas cortando a los personajes. Después es cuando se interesa por el mundo de las bailarinas, llegando a tener tanto éxito que hizo más de 600.
El mejor secreto guardado fue cuando un año después de su muerte, sus amigos descubrieron en su estudio un pequeño ejército de bailarinas, caballos y bañistas realizados en plastilina, cera o arcilla para ejercicios de experimentación; piezas muy dinámicas. Solo expuso una única escultura en su vida que fue un escándalo. La “Ratita” una pequeña bailarina de 14 años.
Experimentó muchas técnicas: carboncillo, pastel, óleo, témpera, gouach y grabado.
Alos 50 años escribe. “No se jugar al billar, ni hacer la corte a las mujeres. Ni pintar la naturaleza ni ser agradable en sociedad…Seguramente he fracasado en la vida, he tenido menos coraje de lo que esperaba”.
Hasta el final de su vida, solo y casi ciego sigue callejeando por las calles de París. “El arte es el dominio del dolor por la belleza” –dijo.
Mª Eulalia Delgado González ©
Febrero 2011
Nació en París. Hilaire Germán Edgar Degas. 1834 – 1917.m. Hijo de familia aristócrata y famosos banqueros con negocios en Italia, Francia y América. Su padre desde pequeño le dejó tener su estudio para practicar en su afición favorita. Cuando se matriculó en Derecho ya era un gran dibujante, y dejó la carrera para frecuentar irregularmente la Escuela de Bellas Artes. Pero su auténtica formación se basó en visitar asiduamente el Museo del Louvre y los viajes que realizó a Italia, Nápoles y Roma, pero sobretodo a Florencia donde vivía una hermana de su padre casada con un barón, por el cual conoció a Ingres.
Coincide con Manet en el Louvre, pues los dos se dedicaban a copiar cuadros clásicos. Con él se va a las tertulias y se hace famoso por su misoginia y mordacidad. –decía: “¿Por qué no me he casado?. Siempre he temido que mi mujer pudiese mirar uno de mis cuadros y dijera con un precioso mohín: ¡Hum…, qué bonito!”
Su corazón se mantuvo siempre fiel al arte, sin compartir estilos ni escuelas. Detestaba la naturaleza, le gustaba la vida urbana, los bulevares, los teatros y los cafés concierto. Sus modelos no posan para él, son descubiertas en su estado natural y anímico. Inventó una forma nueva de mirar. “la mirada del Voyeur”. Espió alas mujeres en todas las profesiones de la época; planchadoras, costureras, cantantes y empleadas de burdeles. Las pintó en los más privado y recóndito. Toma apuntes y es cuando lo plasma en el lienzo juntando imaginación y memoria.
En 1860 si hace una excepción pintando al aire libre temas de carreras de caballo. En el cuadro “En las carreras” como casi siempre instantáneas fotográficas cortando a los personajes. Después es cuando se interesa por el mundo de las bailarinas, llegando a tener tanto éxito que hizo más de 600.
El mejor secreto guardado fue cuando un año después de su muerte, sus amigos descubrieron en su estudio un pequeño ejército de bailarinas, caballos y bañistas realizados en plastilina, cera o arcilla para ejercicios de experimentación; piezas muy dinámicas. Solo expuso una única escultura en su vida que fue un escándalo. La “Ratita” una pequeña bailarina de 14 años.
Experimentó muchas técnicas: carboncillo, pastel, óleo, témpera, gouach y grabado.
Alos 50 años escribe. “No se jugar al billar, ni hacer la corte a las mujeres. Ni pintar la naturaleza ni ser agradable en sociedad…Seguramente he fracasado en la vida, he tenido menos coraje de lo que esperaba”.
Hasta el final de su vida, solo y casi ciego sigue callejeando por las calles de París. “El arte es el dominio del dolor por la belleza” –dijo.
Mª Eulalia Delgado González ©
Febrero 2011
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