miércoles, 16 de febrero de 2011

LAS VISTAS EN INVIERNO


No hay mejor vista que desde la lomita cercana al faro.

Se ven todas las playas, parte de la costa, la población en la serenidad invernal, los bostezantes ojos del puente en marea baja y los picos nevados en la lejanía, cuanto más distantes, mudan a un tenue color agrisado y difuso. El horizonte inmenso cortando la vista, alejando la realidad de nuestra mínima y sencilla vida, ensoñando otros mundos.

Oyendo el incesante llegar del oleaje atravesado, rodando por el muro del rompeolas, asomando el agua espumosa de la cresta de cada ola, recorriendo la zona del paseo más alto, reinando y dejándose ver por los espectadores refugiados en la atalaya, con un sonido adormecedor. Cerrando los ojos pareces flotar en esa mar revuelta, acunado por ese vaivén, relajando la vida.

Es una paz que renueva y protege, quizá sean los minutos necesarios en relativa soledad y silencio alborotado, para verse uno mismo por dentro, a pesar de estar rodeado de silenciosos vigías que igualmente, se buscan en el propio interior.

Abrasados por el frío, encogidos por el aire, volando entre suspiros entrecortados, solos, fantaseando encuentros.

¡Por Dios que sí, este es el sitio privilegiado que no se si merezco pero que disfruto!


Ángeles Sánchez Gandarillas ©
15-II-2011

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