domingo, 13 de febrero de 2011

ENTRE VELAS, RUEDAS Y VIENTO


Los pasados 5 y 6 de febrero, se realizó la II exhibición en pro de la recuperación de la vela en tierra en Cantabria. Organizaba el evento el grupo Ojáncano.

Lo anunciaron por medio de un cartel con una hermosa vista del cabo, esa imagen recuerda el suave contorno de un delfín posado en los kilométricos arenales de la playa de Merón, viéndose al fondo la de Piedras Negras; parece que la mar en blanquera de marea baja parte ambas playas. Lleva superpuestas varias fotografías. Una de ellas con los asturianos Urrieles nevados al fondo, resaltando los pinares enmarcados también con las arenas. Hay una foto antigua de varios carrovelas numerados, esperando la salida de una regata, quizás en Oyambre, posiblemente de la década de 1.920, en la parte central del cartel anunciador está uno de los carrovelas y un kite buggy, con vela y cometa respectivamente, en fuerte colorido, es posible que la arena húmeda fuera un terreno especial para regatear en este deporte, quizá consigan permisos para ello, se sumaría al disfrute de la belleza incomparable de la zona.

Por la tarde en el auditorio municipal, prepararon una pequeña exposición de maquetas. Se podían apreciar en detalle la diferencia de los primeros carros a velas o “aeroplages”, pues así se les denominó en los años veinte, por su procedencia francesa. Ahora son de menor tamaño y peso al fabricarse en materiales ligeros y resistentes, más o menos aerodinámicos; se pueden forrar con diferentes carrocerías, hoy este armazón es igualmente sencillo tan solo para un piloto; de las cuatro ruedas, se ha eliminado una delantera y el volante, existen también de tan solo dos ruedas. Conducidos por medio de la vela impulsada por el viento, único combustible válido y ecológico, el mismo modo que las embarcaciones en la mar, a la vez usan para dirigirlos palancas en los pies o una especie de manillar.

Hay aficionados que se construyen ellos mismo estos automóviles, a la vista un prototipo copia de un carrovela construido por un piloto francés, intentando conseguir lo más aerodinámico, semejante a un diseño de formula uno, liso, alargado, estrechándose más en el morro, con el propósito de conseguir la menor oposición al aire. Cubría el sobrio asiento donde va instalado el piloto.

Estaba igualmente en exposición un carrovela real, una gran vela rígida, similar a las del surf a vela, también utilizan las semi rígidas y de tela. Tuvimos la oportunidad de observar en detalle este simple y veloz aparato, donde piloto y viento son los mejores aliados.

Pasamos a la sala de proyección explicando todo lo expuesto en la entrada y seguidamente vimos las grabaciones. Visionamos admirados las fotografías de hemerotecas periodísticas de principio de siglo, y algunas tomas de cineastas de aquella, deja a las claras el conocimiento y practica de este deporte.

Desde verdes explanadas burgalesas, vimos regatear en competiciones, también por medio de patinetes; sus piruetas al aire, eran similares a las ejecutadas en la mar con el kite surfing, entre otros. Nos llevaron en imágenes hasta la practica de este deporte sobre nieve o hielo, apoyados sobre cuchillas, trineos o esquíes, se adquieren velocidades increíbles hasta de 130 kilómetros por hora, allí los vientos son fuertes y perennes. Sus barbas escarchadas demostraban la friera del lugar. Abrigados de manera especial, subidos en esos armazones desprovistos de defensas ante ese aire helador y atravesando el viento gélido; escalofriaba realmente. Al chocar las cuchillas sobre un montículo del hielo, un piloto salió despedido y volando unos 20 metros, resultando ileso a pesar de la velocidad y el duro aterrizaje.

Sobre arena también desarrollan estas competiciones adaptando la rueda; hay competiciones en zonas desérticas. Un deporte en la naturaleza, en épocas en que no se puede practicar otros, aliándose con las inclemencias, limpio, no de los más caros, adaptable a diferentes economías, un mercado variado en sofisticación.

Se desarman por completo facilitando el transporte a los lugares de regatas y entrenamiento. Parece ser un deporte que favorece la estética, todos los deportistas que conozco, poseen cuerpos musculosos y desgrasados. Favorece la desaparición del estrés y el disfruta de la vida sana.

Nos ofrecieron una tomas de un atardecer a bordo de un kite buggy, desde una cámara adosada al casco del piloto mientras entrenaba, una belleza en movimiento pareciendo ir a bordo. De vez en cuando desaparecía el sol tras una arboleda situada en un montículo, reapareciendo como si el sol jugara a las escondidas; piloto y ocaso unidos por una línea de arena, con la habilidad de éste, pues a pesar del terreno irregular, pilotaba por medio de los tirantes la cometa al viento y guiar con los pies; siguió al atardecer como si de un poeta del romanticismo se tratara, regodeándose en esa despedida con múltiples giros del buggy, apurando el sentimiento o actividad en este caso, reclamando la nostalgia del adiós a la jornada. Sí, es posible que sea un deporte un tanto idealizado, de poesía en la activad física y de cierto apasionamiento, con el sueño de compartir esta sensación, del vuelo sin dejar la tierra firme, a base de fuerza, control y naturaleza, con un carburante inocuo y gratuito.

Al día siguiente se prepararon para las regatas. Es la segunda vez que calma el viento, algo necesario para competir, precisamente en este rincón de Cantabria donde las brisas se cuelan por todos los lados, en cualquier dirección.

Gracias a esa calma en la meteorología, este año hubo mucho público. Cantidad de visitantes llegaron a disfrutar del soleado tiempo invernal, se llenó el entorno de curiosos admirando todo ese conglomerado de velas y cometas coloridas, sujetas a carros y buggys, consiguiendo la pretensión de dar a conocer este deporte.

Al final fue un éxito de público, mostrando una actividad que ya ejercitaba el faraón Amenembat II, de la XII dinastía egipcia; allá por 2.000 a. C., algo más cercano nos queda el hoy Rey, en los años cincuenta ya se interesó en ellos al ver una competición en la playa de Oyambre.

Un deporte con historia, llamado nuevo ahora.


Ángeles Sánchez Gandarillas ©
6-II-2011

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