martes, 15 de febrero de 2011

CILICIO (En la analítica)


Pregunté lo que antojabas,
con sonrisas respondiste
que un cilicio pretendías…,
asombrándome dijiste,
v en tu mano aquella aguja,
¡cuán sorpresa conseguiste!

De sonetos y otras hierbas,
del Quevedo comentamos,
escondidas mis arterias
-los mis brazos en tus manos-,
¡si en saetas yo era diestra!
y al momento incomodamos.

Entre fallos lastimeros
las sonrisas no faltaron,
de certeras extracciones
hoy mis venas se mofaron,
con “cafeses” maldecidos
de los “picos” difamaron.

De disculpas oigo ruegos,
por Quevedo “respondidos”,
no hay porqué, “fermosa” dama.
No es soneto lo que escribo
son sextillas que rimando,
divulgan lo acontecido.

Unas tilas mañaneras
insinúo oh ilustrada,
y os prometo “fermosura”
otras ostras delicadas;
y al estar de sangre unidas,
ni molestias, ni afrentadas.

Una audiencia a vos propongo
con Guillermo y sus manzanas,
a tomar adiestramiento
del gran arco y sus flechadas;
os toméis el veraneo
y el diestro Tell, por vos lo haga.

El cilicio os lo perdono;
sin rencores gentil hada
pero al próximo convite,
de armadura iré tapada,
unas rosas en la mano
con presentes y... una espada.


Ángeles Sánchez Gandarillas ©
14-II-2011

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