De nuevo en el auditorio municipal con tan solo 3 filas de butacas por llenar, agrada observar las ganas de disfrutar en todos los aspectos culturales en la villa.
Estaba el grupo de la Coral Barquera colocados ya en el escenario, 25 personas vestidas en negro elegante, ellas con pequeños detalles en una especie de lazo rojo brillante y navideño, ellos con una corbata contrastando con el mismo color ennegrecido. Su director después de agradecer y presentar, nos mostraba ahora su espalda para comenzar a dirigir el concierto navideño.
Contra el fondo negro encuadrado por el telón principal en rojo, se les distinguían tan solo sus caras, cuello y pecho, lo demás se difuminaba en el mismo negro, producía la sensación de resaltar tan solo lo necesario para el canto, cabeza para poder comprender y leer la partitura y al director, oídos para afinar, la boca con todo lo necesario en la naturaleza de cada cual para transportar esa belleza audible, el cuello siendo hilo conductor del aire y movimientos a través de la faringe y las cuerdas vocales y por supuesto, el pecho ayudado por el diafragma sirviendo de fuelle con la fuerza estimuladora de todo lo demás, impulsando el aire de los pulmones dirigido y distribuido adecuadamente, con el corazón que cada uno de ellos pone para dar fuerza física, emoción y pasión al canto, llegando a todos, escalofriando, viviendo esa agitación que desborda, un mundo de sensibilidad y emociones estremecidas. ¡Suerte tenerlos!
El director comienza a buscar el acorde o tono adecuado para las cuatro voces que rigen los cantos de esta coral mixta, controlando la educada voz desde el aparato fonador que se encuentra en la faringe, así afinarán correctamente; lo utilizamos al hablar o comer, sin embargo para cantar se añaden ciertas reglas, consecuencia de la buena distribución coral. El aparatito minúsculo utilizado para dar el tono se denomina diapasón, hoy en día está reducido a la minima expresión y con diversidad de modelos, incluso electrónicos, de ellos salen las notas que se emplearán en cada interpretación. Este director suele usar la propia voz, la misma que oímos en acompañamientos en las entonaciones más altas de alguno de los villancico en esta noche (soprano, contralto, mezzo-soprano, entre otras de las posibilidades a capricho del portador de ésta magnifica voz).
Ha sido un concierto donde doce villancicos se desgranaban en nuestras bocas, recogiendo las reverberaciones musicales por nuestros oídos, degustando la frescura del villancico de la tierra, de los clásicos o populares, unas uvas cantoras sin pepitas ni pieles, recién recogidas, sabrosas y rápidas de deglutir, dulces en algunas obras, otras llenaban de matices recogidas en nuestros paladares ya refinados, de color transparente, limpio como el orgullo del trabajo en tantos ensayos aunque sea de forma voluntaria, siempre sacrificados, impregnando a las otras uvas o villancicos del buen hacer o del buen estar amistoso en complicidad.
La última de las uvas quedó enmarcando un tapiz precioso, llevados de la canción “Noche de paz”; la mejor de las uvas, la última del racimo, despedida a otro año con esta canción. La obra se vio acompañada de unas palabras que deseaban con plácida voz –mientras los demás coralistas bajaban el tono-, lo mejor, la buena voluntad, la bondad, llenas de sensibilidad y buenos deseos, asimilar y afrontar lo que nos depare el destino, unas fiestas donde todo lo inconveniente debiera desaparecer, la vida convertida un dechado de natural humanidad, aunque sean pocos días o un momento a disfrutar, el descanso a la barbarie, ¡ojala se extendiera a todos y desapareciera el hambre, la guerra, la pobreza, la injusticia, el abuso, la enfermedad o esas situaciones que nunca se acaban!, es posible que desearlo sea suficiente, aún siendo por tan solo un segundo de respiro.
Pero no se conformaron con levantar anímicamente al público, una vez finalizada esta pieza, traían consigo a Papá Noel cargando con un gran saco, se sentó y esperó a que los niños subieran a sentarse y pedir sus deseos infantiles. Les regalaba unos dulces preparados con cariño en forma de cucurucho, fueron obsequiados hasta los recién nacidos que acompañaban a sus padres en esta audición. Incluso los adultos fuimos merecedores de su generosidad, con bombones golosos que daban punto y final a este concierto.
Recibimos el máximo detalle con nada de coste por nuestra parte, sensibilidad a flor de piel prendida al cuerpo del racimo de los doce villancicos, todo es válido incluso la estructura o raspón donde van pegadas estas uvas cantoras que tienen taninos, minerales y agua para añadir y envejecer al vino. En esta realidad de la Coral Barquera con una reserva de 27 años, convirtiéndose en el bombón de la despedida hasta un próximo concierto.
¡Gracias y enhorabuena!
Un abrazo en el silencio del pentagrama en un “tempo larghissimo”.
Ángeles Sánchez Gandarillas ©
San Vte. de la Barquera
23 de diciembre de 2010
Estaba el grupo de la Coral Barquera colocados ya en el escenario, 25 personas vestidas en negro elegante, ellas con pequeños detalles en una especie de lazo rojo brillante y navideño, ellos con una corbata contrastando con el mismo color ennegrecido. Su director después de agradecer y presentar, nos mostraba ahora su espalda para comenzar a dirigir el concierto navideño.
Contra el fondo negro encuadrado por el telón principal en rojo, se les distinguían tan solo sus caras, cuello y pecho, lo demás se difuminaba en el mismo negro, producía la sensación de resaltar tan solo lo necesario para el canto, cabeza para poder comprender y leer la partitura y al director, oídos para afinar, la boca con todo lo necesario en la naturaleza de cada cual para transportar esa belleza audible, el cuello siendo hilo conductor del aire y movimientos a través de la faringe y las cuerdas vocales y por supuesto, el pecho ayudado por el diafragma sirviendo de fuelle con la fuerza estimuladora de todo lo demás, impulsando el aire de los pulmones dirigido y distribuido adecuadamente, con el corazón que cada uno de ellos pone para dar fuerza física, emoción y pasión al canto, llegando a todos, escalofriando, viviendo esa agitación que desborda, un mundo de sensibilidad y emociones estremecidas. ¡Suerte tenerlos!
El director comienza a buscar el acorde o tono adecuado para las cuatro voces que rigen los cantos de esta coral mixta, controlando la educada voz desde el aparato fonador que se encuentra en la faringe, así afinarán correctamente; lo utilizamos al hablar o comer, sin embargo para cantar se añaden ciertas reglas, consecuencia de la buena distribución coral. El aparatito minúsculo utilizado para dar el tono se denomina diapasón, hoy en día está reducido a la minima expresión y con diversidad de modelos, incluso electrónicos, de ellos salen las notas que se emplearán en cada interpretación. Este director suele usar la propia voz, la misma que oímos en acompañamientos en las entonaciones más altas de alguno de los villancico en esta noche (soprano, contralto, mezzo-soprano, entre otras de las posibilidades a capricho del portador de ésta magnifica voz).
Ha sido un concierto donde doce villancicos se desgranaban en nuestras bocas, recogiendo las reverberaciones musicales por nuestros oídos, degustando la frescura del villancico de la tierra, de los clásicos o populares, unas uvas cantoras sin pepitas ni pieles, recién recogidas, sabrosas y rápidas de deglutir, dulces en algunas obras, otras llenaban de matices recogidas en nuestros paladares ya refinados, de color transparente, limpio como el orgullo del trabajo en tantos ensayos aunque sea de forma voluntaria, siempre sacrificados, impregnando a las otras uvas o villancicos del buen hacer o del buen estar amistoso en complicidad.
La última de las uvas quedó enmarcando un tapiz precioso, llevados de la canción “Noche de paz”; la mejor de las uvas, la última del racimo, despedida a otro año con esta canción. La obra se vio acompañada de unas palabras que deseaban con plácida voz –mientras los demás coralistas bajaban el tono-, lo mejor, la buena voluntad, la bondad, llenas de sensibilidad y buenos deseos, asimilar y afrontar lo que nos depare el destino, unas fiestas donde todo lo inconveniente debiera desaparecer, la vida convertida un dechado de natural humanidad, aunque sean pocos días o un momento a disfrutar, el descanso a la barbarie, ¡ojala se extendiera a todos y desapareciera el hambre, la guerra, la pobreza, la injusticia, el abuso, la enfermedad o esas situaciones que nunca se acaban!, es posible que desearlo sea suficiente, aún siendo por tan solo un segundo de respiro.
Pero no se conformaron con levantar anímicamente al público, una vez finalizada esta pieza, traían consigo a Papá Noel cargando con un gran saco, se sentó y esperó a que los niños subieran a sentarse y pedir sus deseos infantiles. Les regalaba unos dulces preparados con cariño en forma de cucurucho, fueron obsequiados hasta los recién nacidos que acompañaban a sus padres en esta audición. Incluso los adultos fuimos merecedores de su generosidad, con bombones golosos que daban punto y final a este concierto.
Recibimos el máximo detalle con nada de coste por nuestra parte, sensibilidad a flor de piel prendida al cuerpo del racimo de los doce villancicos, todo es válido incluso la estructura o raspón donde van pegadas estas uvas cantoras que tienen taninos, minerales y agua para añadir y envejecer al vino. En esta realidad de la Coral Barquera con una reserva de 27 años, convirtiéndose en el bombón de la despedida hasta un próximo concierto.
¡Gracias y enhorabuena!
Un abrazo en el silencio del pentagrama en un “tempo larghissimo”.
Ángeles Sánchez Gandarillas ©
San Vte. de la Barquera
23 de diciembre de 2010
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