La base es harina de trigo amasada con manteca de cerdo y azúcar; después ya le puedes poner el aroma que quieras. Posiblemente los más populares sean los de canela, aunque los hay con coco, limón, vainilla, cacao, y un sinfín de sabores más… Unos granitos de matalahúva por encima y al horno. ¡Jo, qué buenos están!
Recuerdo que de críos nos los metíamos enteros en la boca, y nada más meterlos, sin darles tiempo a que se impregnaran de saliva, había que exclamar. ¡Pamplona! En ese instante el polvorón se convertía en una explosión de polvo. Es curioso, pero era una experiencia que aunque no conducía a nada, todo el mundo probaba. Estoy seguro que tú, también.
Siempre prefiero los que vienen envueltos en ese fino papel que parece de manila o seda, con flecos a los lados. Seguro que la calidad nada tiene que ver con la envoltura, pero mira, las rarezas de cada cual son las que ayudan a uno a sentirse un poco más uno mismo. Los envueltos en papel plastificado posiblemente los preserven mejor de adquirir humedades y mohos, pero yo prefiero los otros. Será por aquella tontería que dicen algunos viejos de que como lo antiguo no hay nada…. ¿Los has probado con café? ¿No? Pues no sabes lo que te pierdes. Sí, para desayunar, supliendo a las galletas o cualquier tipo de bollería. Prueba, y ya me dirás
Los mazapanes son otra delicia. Al primero que amasó harina de almendras con azúcar debieron de haberle hecho un monumento. Mira, aquí se produce otra de mis rarezas; los mazapanes que prefiero son los que tienen forma de serpiente. Gustar me gustan todos, que conste. Las ovejitas, los peces, los caracoles… vamos todas esas miniaturas que venden al peso. Y no te digo nada los grandes, grandes, que se venden al corte… ¡Pero es que los que tienen forma de serpiente...! Creo que a mi la infancia me marcó de por vida, pues estoy seguro que esto se debe a que en mis regalos de Reyes jamás faltó una caja redonda de cartón con una serpiente de mazapán dentro. Tenía dos negros confites como ojos, y a lo largo de todo el espinazo una fila de piñones glaseados que yo iba comiendo despacio, uno a uno para que me duraran la mañana entera.
Hay quien asegura que fueron las monjas del Convento de San Clemente en Toledo las primeras que en mil doscientos amasaron los mazapanes con almendras molidas y miel, y si es así, comprendo que no les hayan hecho el monumento que decía antes, pues no es lo mismo hacérselo a una sola persona que a toda una comunidad con la abadesa a la cabeza, que con hábitos y tocas ocuparían demasiado sitio. Además, como por otro lado los sicilianos dicen que fueron ellos los inventores, pues mira, vamos a dejar la cosa como está, que al fin y al cabo los mazapanes están buenísimos nacieran donde nacieran. En total, eso, que comamos de ello con mesura, que las Navidades son para disfrutarlas en casa con la familia, y no para recibir el Año Nuevo en Sierrallana con una indigestión.
Recuerdo que de críos nos los metíamos enteros en la boca, y nada más meterlos, sin darles tiempo a que se impregnaran de saliva, había que exclamar. ¡Pamplona! En ese instante el polvorón se convertía en una explosión de polvo. Es curioso, pero era una experiencia que aunque no conducía a nada, todo el mundo probaba. Estoy seguro que tú, también.
Siempre prefiero los que vienen envueltos en ese fino papel que parece de manila o seda, con flecos a los lados. Seguro que la calidad nada tiene que ver con la envoltura, pero mira, las rarezas de cada cual son las que ayudan a uno a sentirse un poco más uno mismo. Los envueltos en papel plastificado posiblemente los preserven mejor de adquirir humedades y mohos, pero yo prefiero los otros. Será por aquella tontería que dicen algunos viejos de que como lo antiguo no hay nada…. ¿Los has probado con café? ¿No? Pues no sabes lo que te pierdes. Sí, para desayunar, supliendo a las galletas o cualquier tipo de bollería. Prueba, y ya me dirás
Los mazapanes son otra delicia. Al primero que amasó harina de almendras con azúcar debieron de haberle hecho un monumento. Mira, aquí se produce otra de mis rarezas; los mazapanes que prefiero son los que tienen forma de serpiente. Gustar me gustan todos, que conste. Las ovejitas, los peces, los caracoles… vamos todas esas miniaturas que venden al peso. Y no te digo nada los grandes, grandes, que se venden al corte… ¡Pero es que los que tienen forma de serpiente...! Creo que a mi la infancia me marcó de por vida, pues estoy seguro que esto se debe a que en mis regalos de Reyes jamás faltó una caja redonda de cartón con una serpiente de mazapán dentro. Tenía dos negros confites como ojos, y a lo largo de todo el espinazo una fila de piñones glaseados que yo iba comiendo despacio, uno a uno para que me duraran la mañana entera.
Hay quien asegura que fueron las monjas del Convento de San Clemente en Toledo las primeras que en mil doscientos amasaron los mazapanes con almendras molidas y miel, y si es así, comprendo que no les hayan hecho el monumento que decía antes, pues no es lo mismo hacérselo a una sola persona que a toda una comunidad con la abadesa a la cabeza, que con hábitos y tocas ocuparían demasiado sitio. Además, como por otro lado los sicilianos dicen que fueron ellos los inventores, pues mira, vamos a dejar la cosa como está, que al fin y al cabo los mazapanes están buenísimos nacieran donde nacieran. En total, eso, que comamos de ello con mesura, que las Navidades son para disfrutarlas en casa con la familia, y no para recibir el Año Nuevo en Sierrallana con una indigestión.
J.G.G. ©
Diciembre 2010
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