martes, 21 de diciembre de 2010

BELÉN DE CUMBRES


Amanece el día con nieve en los picos, pero eso no será impedimento para que Nel y sus amigos lleven a buen fin su misión.

Son personas entusiastas y muy experimentadas, no en vano se criaron en pueblos de montaña. Para ellos los picos son algo a lo que temen, respetan, aman y disfrutan.

Hace algún tiempo que tenían hablado llevar a cabo esta aventura todos juntos. Es una tradición que, sus abuelos primero y sus padres después, mantuvieron mientras las fuerzas físicas se lo permitieron. Ahora son ellos los que quieren continuar con la colocación del Belén de Cumbres.

Desayunan al calor de la chimenea en animada conversación. Algunos de ellos hace años que no acuden a la cita. El vivir en otras ciudades, incluso en otros países, no facilita la posibilidad de reunirse cada Navidad.

Junto a la puerta de la cabaña tienen sus mochilas preparadas y los rayos del sol naciente ya se reflejan sobre los picos. Esta bonanza meteorológica hará más fácil y, si cabe, más hermosa la subida.

El grupo de amigos está exultante; los ojos les brillan de manera especial porque éste es un día especial. Todos han hecho un gran esfuerzo para que sus agendas laborales y familiares les permitiesen estar aquí. Por fin cumplen el sueño y la promesa hecha cuando aún eran unos niños.

Las figuras del nacimiento ya están listas y colocadas cuidadosamente en cada una de las mochilas para evitar que cualquier imprevisto las pueda echar a perder. Están talladas en piedra y pesan un poco a las espaldas pero merece la pena el esfuerzo.

Después de dar buena cuenta de las viandas que había sobre la mesa comienzan su andadura. Calculan que en cuatro o cinco horas ya estarán en el lugar elegido para el evento.

Suben sin problema aprovechando el camino para ponerse al día de sus respectivas vidas, que después de los estudios tomaron caminos diferentes.

Casi sin darse cuenta del esfuerzo realizado llegan a la cima. Se despojan de sus mochilas y el silencio unido al impresionante paisaje que tienen ante sus ojos les sobrecoge. Verdaderamente es el lugar idóneo para que moren los dioses, como afirman las creencias de algunas culturas. Todos sus desvelos por estar allí han merecido la pena. Ese instante de íntima fusión con la naturaleza compensa cualquier sinsabor.

Nel, después de disfrutar de esos primeros instantes sintiéndose en los mismísimos cielos, con lentos movimientos, para no romper la magia del momento, va uniendo pausadamente y con mucho cariño, las piezas de su vieja gaita. Hace años que no practica con ella pero confía en que los sones seguirán siendo los mismos que su abuelo interpretaba muchos años atrás.

Con las primeras notas de su canción favorita, a casi mil metros de altura, sus ojos se llenan de lágrimas, y sus corazones se encogen por la emoción. Las notas en el aire, sin nada ni nadie que les ponga límites recorren los picos. Cada una de ellas es absorbida por todos los poros de su piel. Los vellos erizados y la piel de gallina permiten que emanen de sus cuerpos tanta emoción contenida. Es electrizante, tienen la sensación de que en cualquier momento sus cuerpos estallarán por la presión de sus sentimientos.

Terminada la pieza musical el silencio de nuevo reina durante largo tiempo con la sensación de que el eco les devuelve de nuevo las notas de la gaita. Cada uno de ellos disfruta de ese íntimo momento respetando el de los demás sin prisas, ni agobios; tomándose todo el tiempo del mundo para ello.

Cuando todos vuelven a la realidad del momento, sacan de sus mochilas las figuras con tanto esmero protegidas, y buscan el lugar más adecuado para su colocación. Ha de ser un rincón resguardado de los fuertes vientos y duras inclemencias del tiempo que durante todo un año se darán en las alturas.

Encuentran un pequeño hueco bajo un risco que asemeja la forma de un portal de Belén. Y eso es lo que necesitan; un lugar donde colocar las figuras de San José, la Virgen y el Niño Jesús en su cuna.

De nuevo la gaita suena. Esta vez es un villancico al que todos le ponen letra con el espíritu y la alegría de fiesta navideña. Alguien descorcha una botella de sidra y recitando todos al unísono su acostumbrado brindis dan por concluida su misión. Si la suerte les acompaña y la vida es propicia, en su próxima subida traerán más figuras talladas en piedra para completar su Belén de Cumbres.

Laura González ©
Diciembre 2010

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