viernes, 31 de diciembre de 2010

ANTONIO CASARES. Encuentros literarios, XII-2010

Pasamos de la juventud del anterior conferenciante a la madurez de otro literato en tan solo un mes, la diferencia de edad apenas se aprecia. En ambos se vive el gusto por escribir, el placer de comentar, en estos encuentros, experiencias incluso personales, siempre queda ese algo íntimo impregnando sus trabajos.

Antonio Casares, escritor que nos presenta un libro titulado “El infierno de los días”, se adhiere a cualquier rama de ésta, defendiéndose perfectamente, con toques de cultura vastísima, el regusto por el romanticismo del XVIII, con Hölderlin (alemán) o Coleridge (inglés), nombrándolos en varios de sus poemas. Dice en un momento dado que Cortazar dejó claro que “Si el mar hubiera leído a Hölderlin las cosas estarían mejor”. Hay una poesía titulada Soneto para Sonata para Fanny Mendelsohn (1805-47), definiendo como tocaría esta mujer esa pieza, parece haberlo vivido o que la conoció. Demuestra en ella la exactitud con que nos refiere sus mensajes.

Hace referencia constante de su extensa formación, sin embargo en todos los poemas que se leyeron o que se entregaron para conocer su prolífica obra, son sencillos de comprender, demuestra que viajó por el mundo en investigación constante, el detallismo; asume que quizá da demasiadas vueltas a las cosas.

Los sonetos son maravillas, desde los dedicados a los gatos, o el referido a El nacimiento de Venus en Mataleñas, o quizá otros como llevarse a Nirvana por la Alameda, o ese magnolio que le transporta, además prohíbe renunciar a la ternura, a pesar de la autocrítica irónica de que quizás se esté volviendo místico; se luce de maravilla en la poesía ortodoxa –Los estorninos-; sentirse poeta en las nubes y observa desde ellas, demuestra el poco aprecio que se da a los hijos que quieren dedicarse a la escritura pues es oficio que mata el hambre y de hambre nada entra por la boca, para ello escribió un poema titulado “Un hijo tonto”, o escribe igualmente bajo los 42º en Sevilla a las golondrinas, como poemas en honor de su tío y al oficio de alquimista del orujo, dice que esa definición es nueva, la que se utilizó siempre fue “aguardiente” palabra compuesta que describe agua y fuego.

Habla de que nos hemos convertido en sombras que ya no saludan, indiferentes ciudadanos aislados, eso lo observa en sus paseos de profesor jubilado donde por fin puede escribir sin anclajes a la aventura de vivir, libre porque el sustento le llega por otros medios.

Autor de las letras de aquel conjunto llamado “BLOQUE”, o también de las mínimas micro poesías que rompen la monotonía del pensamiento, espabilando la galbana mental –El espejo o Preguntas-, o, aporta un pensamiento sobre lo injusto de la fama, “únicamente creen en lo divino aquellos que ya lo son", esto me dio que pensar pues el público allí asistente, ¡pobres mortales!, nos quedamos a medias con sus escritos, tendremos que trabajar y divinizarnos tan solo para no perdernos parte de su poemario o su prosa aromatizada y erudita.

Su simpatía irónica en Liébana, Zapping o el viaje imaginario del “Viaje sedentario”, explicando adonde no irá, ni comprobará la miseria, la belleza, o la guerras eternas en el oriente, ni emulará a Julio Verne o tampoco contará pingüinos sentado en una silla; al final del mismo aclara que se convierte en alado ser ensoñador y buscando su amor.

Saca a relucir en muchos de ellos las dudas, los sueños conseguidos. Viajes, Quimeras con finales inesperados, sonetos preñados de palabras del diccionario popular y muy bien conseguido, cuartetos endecasílabos en 14 estrofas “Vidas paralelas”, donde aclarando la razón de ser poeta, Tanka japonesa en una estrofa de 5 versos, breves, llenos de información.

Su prosa en corto es otra información llevada a la instrucción como buen maestro, enseña y demuestra metafóricamente palabras encadenadas al lirismo desde la realidad o desde la entelequia “Mutaciones” o “La descubridora”, donde toma la personalidad de una perrita llamada Perla o se convierte en ballena, reclamando el respeto perdido a la naturaleza, a las bárbaras exterminaciones, al suicidio de la humanidad o quizá el abocamiento a la cultura de la muerte porque sí, es posible que matemos para dejarlo expuesto en un museo para no olvidar que existieron, ¡somos los humanos muestra de la parodia del conservacionismo!

Él mismo fue un regalo para nuestros sentidos, pero aún con todo nos obsequió con un CD, “Cantata a Liébana”, escrito y musicado por él mismo excepto una obra, música folk-rock, con instrumentos típicos de la zona y otra gran parte al órgano. Se aprecia su poder de abstracción, consigue la atención del oyente.

Nos entrega otro soneto dedicado, manuscrito y firmado “Página vacía”, poema reducido en catorce versos cualquier pensamiento o realidad, es el atajo del poeta formado, ilustrado y experimentado, un placer al lector. Si existiera un premio al soneto contemporáneo llamado “Quevedo”, yo se lo entregaría a este señor, Antonio Casares.


Ángeles Sánchez Gandarillas ©
San Vte. de la Barquera
22 de diciembre de 2010

1 comentario:

lunilla dijo...

Que decirte, que termino el año con una sonrisa, con un latido alborotado
y con tus letras tan bien talladas.

Un abrazo Lines
y Feliz 2011

Veronica