sábado, 23 de febrero de 2013

EL ÚLTIMO BESO

 
Esta noche estoy sentada sobre esa roca en la que tantas veces tu abrazo fue mi refugio. Esta roca está sola en medio del paraíso, siempre creíste que era mi lugar favorito, y nunca te confesé que mi lugar favorito, sin duda, era tu cuerpo.
 
La noche es fría (no me hagas mucho caso, porque quizás haga unos 30 grados y yo tenga frío. Desde que te fuiste mi cuerpo no entiende de climas).  Hay luna llena y es una noche estrellada. Se me llena la cabeza de recuerdos. Sonrío.
Siempre que estábamos juntas las estrellas se dejaban ver  muy luminosas, como si se pusieran los trajes de gala para la ocasión. Siempre estaban ahí, con nosotros, presumíamos de que nos protegían.
La imagen que hoy se dibuja ante mis ojos al mirar al horizonte, la contemplé muchas veces a tu lado, aunque hoy pierde sentido, belleza e intensidad sin ti.
Mientras mi mirada se pierde en el horizonte recuerdo la última noche que estuvimos aquí. Era el mismo paisaje, el mismo olor, quizá hasta la misma hora. Y sin embargo, aquella noche las estrellas estaban ocultas, quizás se durmieron y no pudieron acudir a la cita. O quizá fuera una señal, quizá las estrellas nos protegían del efecto devastador que deja la pérdida de un amor, quizá por eso no estaban, porque ya no nos protegían.
Era la última noche, y yo no lo sabía. ¿Cómo iba a saberlo? Si a mí me quedaban planes  para mil noches más, como poco. Nadie nos avisa de cuándo será la última noche, de cuánto durará el amor, de cuál será el último beso.
Probablemente, si lo supiéramos, de antemano, daríamos ese beso con toda la intensidad, como si envolviéramos en él cada milímetro inmedible del amor que estamos a punto de perder. Así, recordaríamos ese beso como una imagen con música en la película de nuestra vida. Veríamos la imagen a cámara lenta y desde todas las perspectivas. Todo el amor comprimido en un sólo beso, dulce, apasionado. ¡Inolvidable!
Yo ya recuerdo ese beso así ; veo la imagen a cámara lenta, con nuestra canción sonando de fondo, si dejo la imagen congelada en el momento preciso en que los dos labios se juntan, puedo sentir el sabor de ese último beso. Puedo sentirlo porque yo di cada beso como si fuera el último, envolví el amor en cada uno de ellos, (del primero al último). Porque mi amor era tan grande que podría haber envuelto los besos, las caricias, la roca que desdibujaba el horizonte  y hasta el mundo que nos sostenía los pies.
Pero si pudiera volver a aquella última noche, a aquel último beso…  No le daría entero, daría sólo la mitad del beso. Para que así quedara algo pendiente entre tú y yo, para que volvieses aquí buscando lo que le falta a tu beso. De ese modo, yo no estaría esta noche y tantas otras, echándote tanto de menos. En la que es nuestra roca aunque tú no estés. Perdiéndome en el horizonte, soñando tener tus labios sobre los míos, dándonos  miles de últimos besos.
Susana Arobes Álvarez ©
13 de Febrero 2013

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