jueves, 26 de enero de 2012

INALCANZABLE.


El otro día acoté que fui pequeña,(insisto: realmente lo fui), solo en los días en que a mi hermana, que es un año y medio mayor que yo, y a mí nos llamaban mellizas. Yo no sé porqué pero la gente nos veía igualitas. Ahora miro las fotos y no veo en el parecido las dos gotas de agua, más que el parecido propio de dos hermanas y que simplemente éramos del mismo tamaño. Hasta un día, aquel, en el que mi cuerpo empezó a empujar hacia arriba buscando el apellido de mi padre. Cada día aquella lánguida figura gritaba más y más fuerte: "¡Soy Araujo, soy Araujo…!" Aquel cuerpo quería recordar al mundo como era mi abuelo Inocencio Araujo, mi tía abuela Polina Araujo, a la que llamábamos Tía Grande, y todos mis anteriores sucesores a los que las nuevas generaciones iremos superando en tamaño aunque sin embargo los recordaremos mirando siempre hacia arriba.

Pues cuento esto porque después de aquella acotación recordé lo difícil que fue pasar de ser de tamaño “normal” a convertirme en un palillo de dientes que no paraba de crecer. Al principio, lo peor fue lo de los compañeros de cole sacando de una maleta nombres y más nombres, los más apropiados a tu figura… Me convertí en un personaje famoso de la televisión: Algunas veces era Olivia la novia de Popeye, como si la tierna Olivia tuviese la culpa…. o Abelardo el de Plaza Sésamo, (El que aquí llaman la Gallina Caponata), luego pertenecí a algunas familias de animales. Estuve dentro de los Jiráfidos en representación de la Jirafa, me llamaron Avestruz en honor a mi cuello, también Garza o flamenco gracias a mis largas piernas.

También habían los que no sabiendo qué inventar especificaban en aquel sobrenombre con exactitud lo que me querían llamar: “La flaca”, (la cual me parecía muy cariñoso), “To`largo” (un tanto profundo e incierto). “Larguirucha”, “Palillo”, “Palma de Coco”, “Alargadera”, “Poste de luz”, entre otros. También estaban las frases hechas, (en su mayoría provenientes de bocas de abuelos,) como “Eres más grande que un día sin pan”, “eres más larga que un día de hambre”, “eres tan larga y seca como una vieja que le chorrea la manteca”,(recordando la adivinanza de la vela).

A pesar de que me mostraba tranquila e indiferente ante aquel manojo de apodos, dentro de mí había una búsqueda y un reto: ¿cómo debía refutar aquel ataque? Hasta que un día de esos en el que venían en frases o preguntas como “cámbiame esa bombilla” o "¿Va a llover?". Después de salir de una audición dirigida por un chico con movimientos extraños en sus manos y que no paraba de alabar mi figura y mi tamaño, un hombre me preguntó sin más ni más "¿Cómo está eso allá arriba?" y yo en ese momento en el que había sido vacunada y habían reforzado mi estropeada autoestima, pude perfectamente agarrarlo con una sola mano por el cuello de su camisa y levantarlo con mi vista hacia al cielo, pero sin embargo sólo atiné con la mirada retorcida, la mano en la cintura y la barbilla apuntando hacia al suelo minimizando aún más el tamaño que el que podía tener y con tono silábico y vocalizando bien mis palabras le dije "¡I-NAL-CAN-ZA-BLE!"

Unos 15 años después cuando parecía que esta historia no se volvería a repetir llego a un país donde nada parece extraño, entro a la biblioteca a compartir ideas convertidas en letras y consigo una explosión de risas y encantos detrás de una pregunta inofensiva "¿Cabes en la cama?" …Sonrío, me agrada, con la sonrisa de "guao" soy notable!... Ahora respondo, una vez más, con tono silábico y vocalizando bien mis palabras "¿Qué si quepo en la cama?, ¡IN-COM-PRO-BA-BLE!"

Kenia Araujo Pineda ©

1 comentario:

Jesús dijo...

Hola, Palma de Coco. ¿Te ha dicho alguno que todo lo que tienes de "larga", lo tienes también de simpática? ¿Te han dicho que lo que tienes de "poste de luz", lo usas para iluminar con tu sonrisa las reuniones de los amigos? ¿Que lo que tienes de "flaca" lo tienes de transparente de espíritu...? Pues así, un montón de cosas más grandes como tu tamaño.