viernes, 30 de diciembre de 2011

DOS MIL ONCE...


Recuerdo el momento en que naciste con la promesa de trescientos sesenta y cinco días de esperanza. Yo estaba allí en silencio, viendo los destellos de los que se alegraban haber vivido para conocerte...

Yo estaba allí, bien recuerdo aquellas luces de fuego que llenaron mis ojos. Después de la dulce bienvenida me fui a dormir en paz, con la paz de los que esperan un mañana mejor. Hoy estas ahí alegrando estos momentos a pesar de que yaces tendido en tu cama anunciándonos tu fin.

Adiós te digo aunque termines. Todos los buenos recuerdos estarán presentes para recordarnos que no fuiste perdido, y los no tan buenos alguna moraleja dejaran…

Tal y como lo hicieron tus antecesores; nos dejaron recuerdos, historias por contar... Todo el mundo te deseaba próspero y hoy igualmente todos celebran tu fin. Ese fin que más que fin es un comienzo…

¡Adiós Dos-mil-once, adiós!... Gracias por darle paso a otros trescientos sesenta y cinco nuevos amaneceres, a una nueva esperanza, a nuevos caminos por recorrer.

¡Adiós dos-mil-once amigo, adiós!

Kenia Araujo
Diciembre 2011

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