sábado, 16 de octubre de 2010

PÁNICO

PÁNICO así, con mayúsculas y todo, he decidido llamar a la gaviota que se cuela en mi estómago y espanta a las mariposas que tímidamente pretenden volver a batir sus alas dentro de él. Ellas llegan sigilosas, intentando pasar desapercibidas y cuando ya están todas repartidas, rellenando bien todos los huecos, comienzan a revolotear cuidadosamente al principio, pero en seguida más segura de sí mismas. Es entonces cuando llega PÁNICO y comienza a graznar y lanzar picotazos a diestro y siniestro, intentando atrapar sus delicados cuerpos. Consigue enganchar a alguna, pero la mayoría consiguen salir volando ilesas, aunque temerosas de regresar.

PANICO se queda así, sola y campando a sus anchas picoteando aquí y allá, agrandando poquito a poquito el agujero de la desconfianza que es ya de por sí bastante grande. Y aquí estamos ahora, mi gaviota y yo, tratando de llegar a un acuerdo. Las negociaciones no van muy bien que digamos, ella ha fijado claramente sus posiciones, mientras yo dudo y cambio de opinión a cada momento, mientras las mariposas me "ponen ojitos" deseando que las libere el camino para poder volver.

María Escobio ©
Octubre 2010

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